DECLARACIÓN DE INDEPENDENCIA, por Thomas Jefferson
“Tenemos las siguientes verdades por evidentes en sí mismas: todos los hombres son creados iguales; que su creador les ha otorgado derechos inherentes e inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres gobiernos cuyos poderes legítimos emanan del consentimiento de los gobernados; que cuando una forma cualquiera de gobierno pone en peligro esos fines, el pueblo tiene derecho a alterarla o abolirla y a instituir nuevo gobierno, fundamentándolo en los principios, y organizando sus poderes en la forma que, a su juicio, le ofrezcan más posibilidades de alcanzar su seguridad y felicidad”.
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DECLARACIÓN DE LOS REPRESENTANTES DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA, REUNIDOS EN CONGRESO GENERAL, el 4 de julio de 1776.
Cuando en el curso del devenir humano, un pueblo se ve obligado a disolver los lazos políticos que lo han ligado a otro, asumiendo entre las potencias de la tierra el puesto separado e igual al que las leyes de la naturaleza y el Dios de la naturaleza le dan derecho, un honesto respeto a la opinión de la humanidad le exige que declare las causas que le impelen a la separación.
Tenemos las siguientes verdades por evidentes en sí mismas: todos los hombres son creados iguales; que su creador les ha otorgado derechos inherentes e inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres gobiernos cuyos poderes legítimos emanan del consentimiento de los gobernados; que cuando una forma cualquiera de gobierno pone en peligro esos fines, el pueblo tiene derecho a alterarla o abolirla y a instituir nuevo gobierno, fundamentándolo en los principios, y organizando sus poderes en la forma que, a su juicio, le ofrezcan más posibilidades de alcanzar su seguridad y felicidad.
La prudencia, ciertamente, aconseja no cambiar por razones pasajeras y baladíes un gobierno de antiguo establecido, y la experiencia demuestra que los hombres están más dispuestos a padecer, si el mal es tolerable, que a hacerse justicia aboliendo formas a las que están acostumbrados. Mas cuando una larga serie de abusos y usurpaciones iniciada en un período determinado persigue invariablemente el mismo objetivo, revelando el designio de someterlos a un despotismo absoluto, tienen el derecho, tienen el deber de derrocar ese gobierno y establecer nuevas salvaguardas para su seguridad en el futuro.
Tal ha sido la paciente tolerancia de estas Colonias; y tal es ahora la necesidad que las obliga a cancelar sus antiguos sistemas de gobierno. La historia del actual Rey de Gran Bretaña es una historia de incesantes agravios y usurpaciones, entre las que no destaca un solo hecho que contradiga el uniforme carácter de los restantes, pues todos están directamente encaminados a establecer una tiranía absoluta sobre estos Estados. Para probarlo, sométanse los hechos, de cuya certeza responde nuestra palabra, que jamás ha mancillado la mentira, a un mundo imparcial.
Ha negado su sanción a las leyes más saludables y necesarias para el bien común.
Ha prohibido a sus gobernadores que aprueben leyes de urgente e inmediata importancia, salvo suspendidas en su vigor hasta haberse obtenido su asentimiento; y, una vez así suspendidas, no se ha dignado prestarles atención alguna.
Se ha negado a probar otras leyes para la adaptación de grandes distritos de población, a menos que sus habitantes renuncien al derecho de representación en el Legislativo, derecho inestimable para ellos y que sólo los tiranos pueden temer.
Ha convocado cuerpos legislativos en lugares poco habituales, incómodos y distantes del depósito de sus archivos públicos, con el sólo fin de fatigarlos hasta hacerles aceptar sus medidas.
Ha disuelto continua y repetidamente cámaras legislativas por oponerse éstas con viril firmeza a su conculcación de los derechos del pueblo.
Después de disolverlas, se ha negado durante mucho tiempo a propiciar la elección de nuevas cámaras, como consecuencia de lo cual los poderes legislativos, no susceptibles de aniquilación, han revertido al pueblo en general, quedando el Estado entretanto expuesto a todos los peligros de invasión exterior y convulsiones internas.
Ha tratado de impedir la población de estos Estados, entorpeciendo con tal fin las leyes de la naturalización de extranjeros, negándose a aprobar otras encaminadas a alentar su migración hacia aquí y encareciendo las condiciones para la asignación de tierras nuevas.
Ha tolerado que la administración de justicia cese totalmente en algunos de estos Estados, denegando su sanción a leyes para el establecimiento de poderes judiciales.
Ha hecho depender de su sola voluntad la permanencia de nuestros jueces en sus cargos, así como el monto y el pago de sus salarios.
Ha creado, asumiendo por sí mismo tal poder, multitud de nuevos cargos, y ha enviado enjambres de nuevos funcionarios a hostigar a nuestro pueblo y a consumir sus recursos.
Ha mantenido entre nosotros, en tiempos de paz y sin el consentimiento de nuestros Legislativos, ejércitos permanentes y buques de guerra.
Ha pretendido hacer al poder militar independiente del poder civil y superior a él.
Ha maquinado con terceros para someternos a una jurisdicción ajena a nuestras constituciones y no reconocida por nuestras leyes, aprobando sus normas de falsa legislación para acuartelar entre nosotros grandes contingentes de tropas armadas; para protegerlas, con parodias de juicios, del castigo por los asesinatos de habitantes de estos Estados que pudieran cometer; para truncar nuestro comercio con todas las partes del mundo; para gravarnos con impuestos sin nuestro consentimiento; para privarnos de los beneficios del juicio por jurado; para transportarnos allende los mares a ser juzgados por falsos delitos; para abolir el libre sistema de leyes inglesas en una provincia vecina, estableciendo en ella un gobierno arbitrario y ampliando sus fronteras con el fin de hacer de ella tanto un ejemplo como un instrumento adecuado para introducir el mismo poder absoluto en estos Estados; para despojarnos de nuestras cartas, aboliendo las más valiosas de nuestras leyes y alterando profundamente las formas de nuestros gobiernos; para suspender nuestros propios Legislativos y declararse a sí mismo investido de poder de legislar para nosotros en cualquier circunstancia.
Ha abolido su gobierno de aquí, retirando a sus gobernadores y declarando que renuncia a nuestra fidelidad y nos retira su protección.
Ha saqueado nuestros mares, devastado nuestras costas, incendiado nuestras ciudades y destruido las vidas de nuestras gentes.
En este momento está transportando grandes ejércitos de mercenarios extranjeros para completar la obra de muerte, desolación y tiranía ya iniciada en circunstancias de crueldad y perfidia, indignas del jefe de una nación civilizada.
Ha obligado a nuestros conciudadanos capturados en alta mar a empuñar las armas contra su propio país, a convertirse en verdugos de sus amigos y hermanos o a morir en sus manos.
Ha intentado lanzar sobre los habitantes de nuestras fronteras a los despiadados indios salvajes, cuya conocida norma de guerra es la destrucción indiscriminada de todas las edades, sexos y condiciones de existencia.
Ha incitado traicioneras insurrecciones de nuestros conciudadanos, ofreciéndoles la incautación y confiscación de nuestras propiedades.
Ha declarado cruel guerra a la misma naturaleza humana, violando sus más sagrados derechos a la vida y a la libertad en la persona de distantes gentes que jamás la habían ofendido, capturándolas y conduciéndolas a otro hemisferio para someterlas a esclavitud o haciéndolas sufrir la más miserable de las muertes durante su transporte hacia aquí.
Esta guerra pirática, oprobio de las potencias INFIELES, es la guerra del Rey CRISTIANO de Gran Bretaña. Resuelto a mantener abierto un mercado donde se compran y venden hombres, ha prostituido su derecho de veto reprimiendo toda iniciativa legislativa encaminada a prohibir o restringir tan execrable comercio.
Y, para que semejante cúmulo de horrores no carezca de rasgo distintivo alguno, ahora incita a esas mismas gentes a alzarse en armas contra nosotros, comprando la libertad que él les robó con el asesinato del pueblo a quien les impuso, y redimiendo así los crímenes que antes cometió contra las LIBERTADES de un pueblo, instándoles a cometer crímenes contra la VIDA de otro.
En cada una de estas etapas de opresión hemos pedido justicia en los términos más humildes; nuestras reiteradas peticiones han recibido, por toda respuesta, reiterados agravios.
Un príncipe de carácter tan marcado por todos los actos que definen al tirano está incapacitado para gobernar a un pueblo que pretende ser libre. Los tiempos venideros apenas podrán creer que la audacia de un solo hombre se aventurara, en el corto período de doce años, a establecer cimientos tan amplios como ostensibles para el ejercicio de la tiranía sobre un pueblo criado y asentado en los principios de la libertad.
Tampoco hemos sido parcos en atenciones para con nuestros hermanos británicos. Les hemos advertido periódicamente de las tentativas de su legislativo para extender su jurisdicción sobre estos nuestros Estados. Les hemos recordado las condiciones de nuestra emigración y establecimiento aquí, ninguna de las cuales justifica tamaña pretensión; que aquellas se hicieron realidad a expensa de nuestra propia sangre y hacienda, sin ayuda de las riquezas ni del poder de Gran Bretaña; que, ciertamente, al constituir nuestras diversas formas de gobierno, adoptamos un rey común, estableciendo así los cimientos de una perpetua vinculación y amistad con ellos; pero que la sumisión a su parlamento no figuraba en absoluto en nuestra Constitución, ni jamás se pensó en ello, si la historia no miente y apelamos a su tradicional justicia y magnanimidad, así como a los lazos de nuestro común parentesco, para repudiar esas usurpaciones, que con toda probabilidad habrían de interrumpir nuestra relación y correspondencia.
También ellos han prestado oídos sordos a la voz de la justicia y la consanguinidad, y cuando la aplicación periódica de sus leyes les ha dado ocasión de destituir de sus consejos a los perturbadores de nuestra armonía, los han repuesto, por libre elección, en el poder. Y en este preciso instante permiten además que su primer mandatario envíe no sólo soldados de nuestra misma sangre, sino también mercenarios escoceses y extranjeros, a invadirnos y destruirnos.
Estas acciones han apuntillado un efecto agonizante, y el espíritu viril nos exige repudiar para siempre a estos hermanos insensibles. Debemos esforzarnos por olvidar el amor que les profesábamos, y considerarlos, como consideramos al resto de la humanidad, enemigos en la guerra, amigos en la paz.
Unidos pudimos ser un pueblo libre y grande; parece, empero, que su dignidad no les permite compartir la grandeza y la libertad. Así sea, puesto que así lo quieren. El camino que conduce a la felicidad y la gloria se abre también para nosotros. Lo recorreremos por nuestro lado, y aceptaremos la necesidad que proclama nuestra eterna separación.
Por consiguiente, nosotros, los representantes de los Estados Unidos de América, reunidos en Congreso General, en nombre y por la autoridad del buen pueblo de estos Estados, rechazamos y repudiamos toda fidelidad y sometimiento a los reyes de Gran Bretaña y a cualesquiera otros que en lo sucesivo, por ellos, mediante ellos o bajo ellos, pudieran reclamarlas; disolvemos plenamente todo vínculo político que hasta hoy pueda haber subsistido entre nosotros y el pueblo o Parlamento de Gran Bretaña; y finalmente afirmamos y declaramos que estas Colonias son Estados libres e independientes, y que, como Estados libres e independientes, tienen plenos poderes para hacer la guerra, acordar la paz, concertar alianzas, comerciar y realizar cuanta cosa o acción puede en derecho realizar un Estado independiente.
Y, en apoyo de esta declaración, comprometemos mutuamente nuestras vidas, nuestra hacienda y nuestro sagrado honor.
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THOMAS JEFFERSON, Autobiografía y otros escritos. Editorial Tecnos, 1987. Traducción de M. Sáenz de Heredia. [Las partes tachadas y suprimidas finalmente por el Congreso figuran en cursiva. Nota de los editores]. FD, 15/12/2007.
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April 19th, 2009 @ 22:14
soy mexicano y me puse a leer esta declaracion que se encuentra vigente gracias a los patriotas que todavia tiene esa nacion es una lastima que aqui en mexico se hayan desprdiciado tantas vidas de nuestros grandes hombres que verdaderamente eran patriotas y amaban a su pais poco a poco han sido reemplazados por mercachifles y payasos que estan haciendo de nuestra constitucion letra muerta lo que esta por venir es muy triste y desalentador hasta que no despierte mexico y mande a el cadalzo a todos los facinerosos que se han adueñado de nuestra nacion .. recurri a la lectura de esta declaracion de independencia porque siento en lo mas profundo de mi espiritu que lo que los llevo a redactarla fue el amor que sentian por su patria esto aca en mexico ya se acabo
September 26th, 2009 @ 21:09
[...] “Tenemos las siguientes verdades por evidentes en sí mismas: todos los hombres son creados iguales; que su creador les ha otorgado derechos inherentes e inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres gobiernos cuyos poderes legítimos emanan del consentimiento de los gobernados; que cuando una forma cualquiera de gobierno pone en peligro esos fines, el pueblo tiene derecho a alterarla o abolirla y a instituir nuevo gobierno, fundamentándolo en los principios, y organizando sus poderes en la forma que, a su juicio, le ofrezcan más posibilidades de alcanzar su seguridad y felicidad”. LEER MÁS [...]