LA DIGNIDAD DE LA DEMOCRACIA ESPAÑOLA, por Jesús Nava
“El próximo 10 de marzo pido a los españoles que acompañen al Partido Popular en lo que es un acto de reparación de la dignidad de nuestra democracia” (Mariano Rajoy).
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Así dice Mariano Rajoy. Si no hubiera dicho eso, precisamente eso, tal vez yo sí iría a esa manifestación, como fui, por primera vez bajo este régimen, a la que convocó el gobierno contra el terrorismo tras el 11-M. En esta ocasión, Rajoy y su partido organizan el acto, luego es un acto partidista. En aquélla ocasión quise acompañar a las víctimas del terror de los últimos bárbaros que aún habitan en nuestras cloacas; ahora, en cambio, se trata de acompañar al Partido Popular.
Por otro lado, el líder conservador habla de reparar la dignidad de la democracia española. Pero ¿qué democracia? ¿Qué dignidad? ¿Quién ha infligido a España esa herida? Y ¿quién la puede reparar?
En España no hay democracia ni libertad política. No la ha habido nunca, exceptuando tal vez el breve período de la tristemente célebre Segunda República (pero como no soy un estudioso de la historia y sólo me interesa la filosofía política, tampoco lo afirmo con mucha rotundidad), experiencia esperanzadora que se cargaron al alimón entre reaccionarios y revolucionarios. De una cosa, en cambio, estoy seguro: esta monarquía parlamentaria no es una democracia auténtica. Por una sencilla razón: el poder no emana del pueblo, ni ha sido constituido por el pueblo, ni está al servicio del pueblo. El poder político en nuestro país, como en casi todo el mundo, está en manos de los grandes partidos políticos y de instituciones estatales que no son libres.
Así pues, en España, ni tenemos una constitución libre ni es libre el ciudadano. Quien tenga dudas al respecto que se lea a Montesquieu y a Tocqueville, en vez de prestar oídos a los cínicos ignorantes de todos los partidos, que piensan que sólo hay democracia cuando gobiernan ellos y pueden hacen uso del gobierno para tomar medidas “políticas” que beneficien a los suyos (¿para qué otra cosa si no han inventado los hombres el gobierno?). La constitución de 1978 no es libre, porque cuando un parlamento compuesto por candidatos “elegidos” por los partidos y “votados” por los electores, elige a su vez el poder judicial y el gobierno, no puede haber libertad, y sólo se garantiza la corrupción descontrolada y los abusos de poder sin cuento. Sin independencia y equilibrio de poderes no puede haber libertad política.
Por otro lado, la libertad del ciudadano, además de radicar en poder elegir, entre los concurrentes, a los candidatos unipersonales que considere mejores, para aquellas tareas en las que no sabe o no puede autogobernarse directamente, depende sobre todo del código penal. Si las leyes son malas o injustas, si los jueces no son independientes del ejecutivo y dependientes de la nación, si el gobierno de partido instalado en el poder puede hacer y desahacer a su antojo, puesto que tiene en sus manos los tres poderes del Estado, y nadie lo controla, ¿por qué nos extrañamos de la corrupción y el despotismo del sistema ?
¿De qué se escandaliza el señor Rajoy y sus votantes, si el Parlamento legisla de espaldas al pueblo o si el Gobierno manipula la justicia y los altos tribunales? ¿Son tan torpes los dirigentes de la derecha y de la izquierda como para no entender qué es democracia, y cuándo un país tiene libertad política? No. Torpes son el pueblo, cuya escasez de luces no le permite comprender estas evidencias, y, más aún, los intelectuales y los militantes o simpatizantes de todos los partidos, que ni las comprenden ni las quieren comprender. Los políticos, sean de derechas o de izquierdas, son sencillamente maliciosos, déspotas, cínicos, sectarios y demagogos.
Así que el señor Rajoy es cómplice, como el resto de la clase política y dirigente a la que pertenece, del sistema partitocrático que padecemos los que queremos un sistema democrático; la mayoría de la población, yo no me quiero engañar, está tan encantada ahora como lo estaba con Franco. La escasez de demócratas en España siempre ha sido alarmante. Rajoy, por muy liberal y centrista que se considere, dirige un partido de renegados de la derecha franquista que pactó con los traidores de la izquierda clandestina la gran transacción de la transición. Que no nos hable de dignidad. Porque el señor Rajoy no ha apostado por ella por montarle legítimamente una bronca al gobierno de Rodríguez Zapatero en la calle, como antes hicieron éste y la izquierda contra el gobierno de Aznar (gobernantes y gobernados deberían meditar en qué clase de sistema político es éste donde los diputados tienen que manifestarse en la calle en vez de hacerse oír en el Parlamento).
Contribuirá a reparar la dignidad herida de los demócratas españoles que hay, y no de la democracia que no hay, cuando apueste, contra su partido y hasta contra sus bases, si es preciso, por la instauración de una democracia y una libertad auténticas, donde no manden los suyos, sino el pueblo, y donde no sean unos cuantos señores reunidos, como ocurrió durante la elaboración de la Constitución de 1978, los que decidan lo que España quiere ser. Pero si los políticos ni siquiera respetan la democracia interna en sus partidos, ¿cómo pueden tener la osadía de postularse para traer la democracia a su país?
Recurrir a los ciudadanos, cuando siempre se les ha ignorado olímpicamente a la hora de hacer política, tanto por parte de la derecha, como por parte de la izquierda, es un desvergonzado ejercicio de demagogia, que es lo que realmente gobierna en España desde hace treinta años (antes lo hizo un dictador), ya estén los liberalconservadores en el poder ya lo estén los socialprogresistas. Porque mientras no tengamos una democracia constitucional jamás tendremos un gobierno democrático, es decir: de todos, sino un gobierno de partido.
Lástima. ¡Cuántas oportunidades dejan pasar los socialistas y los populares, no digamos ya los nacionalistas, cada día para demostrar lo demócratas y democráticos que son! El tiempo de los partidos en el poder se les está acabando. Ha empezado el de los ciudadanos, pero eso sí, siempre que los ciudadanos no se dejen manipular ni por unos ni por otros. Abramos bien los ojos. Ni con la derecha ni con la izquierda: despiertos.
FD, 08/03/2007
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November 20th, 2009 @ 12:04
Hace ya más de tres años, concretamente el 10 de junio de 2006, contacté por primera vez con esta página y leí el artículo titulado “República constitucional o república de partidos”. Me quedé tan impresionado de la claridad de ideas, que incluso llegué a solicitar de su autor algunas aclaraciones, que me fueron contestadas dos días más tarde. Recuerdo las fechas exactas, porque imprimí todos aquellos textos para releerlos y los conservo desde entonces.
Después vinieron las diferencias de esta página con García-Trevijano, la Asociación Libre de Ciudadanos por la Democracia, etc. En fin, que entre unas cosas y otras, dejé de seguirla con asiduidad.
Hoy por casualidad, me encuentro con esta nueva serie de extractos que me siguen pareciendo muy interesantes y clarificadores.
Celebró haber tropezado otra vez con esta página, a la que espero ser fiel lector, lo cual me supondrá volver a echar mano de la impresora y desembolso para tinta y papel, dado que la profundidad de muchos de sus textos merecen más de una lectura.
Muchas gracias.
November 20th, 2009 @ 15:53
Estimado Vicente:
Me alegro de volver a encontrarte por aquí. Yo también recuerdo perfectamente aquel amable intercambio de opiniones que tuvo lugar entre nosotros, en torno a LA CUESTIÓN REPUBLICANA, y que publiqué en forma de post.
También me alegro de que le hayas tomado cariño a estos fragmentos seleccionados que no he encontrado por ningún sitio, salvo en su edición en papel, naturalmente.
Porque, aunque algunos visitantes me hayan censurado que, en temas de filosofía o sociología política, me limitaba a “copiar y pegar”, tengo que protestar: me he quemado las pestañas (literalmente, los párpados se me han quedado casi calvos) tecleando frente al ordenador cada texto editado, y buscando las mejores ilustraciones posibles, para, posteriormente, pasarlas por el photoshop. Todo esto robando horas al sueño. Así que imagínate la satisfacción que supone para mí el saber que también los textos publicados aquí son provechosos para otros.
Y no quiero dejar de señalar que mi intención no es suplir la lectura directa de los autores que aparecen en portada de Filosofía Digital o Mundo Libre Digital (en realidad este blog es un apéndice de FD, donde he ido colocando los textos de política), sino todo lo contrario: espero animar a que nuestros lectores se adentren en las obras completas de todos los autores que figuran en nuestro índice.
Así que, bienvenido. Esta es, si así lo quieres, tu página, donde puedes publicar libremente los comentarios que gustes.
Un cordial saludo.