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"Para que una nación ame la libertad basta con que la conozca, y para que sea libre basta con que lo desee." Lafayette

PREFIERO LA LIBERTAD CON RIESGO A UNA CÓMODA SERVIDUMBRE, por Thomas Jefferson

Filed under: ABECÉ DE LA DEMOCRACIA — 29 September, 2009 @ 20:22

“Alimentad, pues, el espíritu de nuestro pueblo, y mantened viva su atención. No seáis demasiado severos con sus errores, pero exigidle mediante la ilustración. Tan pronto como dejen de prestar atención a los asuntos públicos, vos y yo, el Congreso y las Asambleas, los jueces y los gobernadores, nos convertiremos todos en lobos. ¿Qué país podrá preservar sus libertades si sus gobernantes no son advertidos de cuando en cuando de que el pueblo conserva su espíritu de resistencia? Dejad que cojan las armas. ¿Qué significan unas pocas vidas perdidas en un siglo o dos? El árbol de la libertad debe ser refrescado de cuando en cuando con la sangre de patriotas y tiranos. Es su abono natural”.

* * * * * *

Esperaba que los tumultos de América produjesen en Europa una opinión desfavorable sobre nuestro régimen político. Pero no ha sido así. Por el contrario, el pequeño efecto de esos tumultos parece haber creado mayor confianza en la firmeza de nuestros gobiernos. Que el pueblo se haya puesto de parte del gobierno ha tenido un gran efecto sobre la opinión aquí.

EN CUANTO EL PUEBLO DEJE DE PRESTAR ATENCIÓN A LOS ASUNTOS PÚBLICOS, SUS GOBERNANTES SE CONVERTIRÁN EN LOBOS

Estoy convencido de que la sensatez del pueblo constituirá siempre el mejor ejército. Podrá descarriarse en algún momento, pero pronto se corregirá. El pueblo es el único censor de sus gobernantes; e incluso sus errores tenderán a hacer que éstos se adhieran a los verdaderos principios de su institución. Castigar tales errores de modo demasiado severo sería suprimir la única garantía de la libertad pública.

Jefferson estaba convencido de que las sociedades que vivían sin gobierno, como las indias, disfrutaban en general de un grado de felicidad infinitamente mayor que las que vivían bajo la maldición de los gobiernos europeos.

El modo de evitar esas interposiciones irregulares del pueblo es proporcionarle una información completa de sus asuntos a través de los periódicos públicos, procurando que penetren en toda la masa popular. Como la base de nuestros gobiernos es la opinión del pueblo, su primera finalidad debe ser mantener ese derecho, y si me incumbiese decidir entre un gobierno con periódicos o periódicos sin un gobierno no vacilaría un instante en preferir lo segundo. Pero todo hombre debería recibir esas publicaciones y ser capaz de leerlas.

Estoy convencido de que las sociedades que viven sin gobierno (como las indias) disfrutan en general de un grado de felicidad infinitamente mayor que las que viven bajo los gobiernos europeos. En las primeras la opinión pública ocupa el lugar de la ley, y controla la moralidad tan poderosamente como podría lograrlo la ley en cualquier parte. En las segundas, pretendiendo que cumplen exigencias de gobierno, sus líderes han dividido las naciones en dos clases, una de lobos y otra de ovejas. No estoy exagerando. Es un cuadro fiel de Europa.

Alimentad, pues, el espíritu de nuestro pueblo, y mantened viva su atención. No seáis demasiado severos con sus errores, pero exigidle mediante la ilustración. Tan pronto como dejen de prestar atención a los asuntos públicos, vos y yo, el Congreso y las Asambleas, los jueces y los gobernadores, nos convertiremos todos en lobos.

Parece ser la ley de nuestra naturaleza general, a despecho de excepciones individuales; y la experiencia declara que el hombre es el único animal que devora a su propia especie, pues no puedo aplicar términos más suaves a los gobiernos de Europa, y a la generalizada victimación de los pobres por parte de los ricos. [Carta al Coronel Edward Carrington, virginiano revolucionario que fue miembro del Congreso Continental. París, 16 de enero de 1787]

EN DEMOCRACIA, EL PUEBLO DISFRUTA DE UN GRADO PRECIOSO DE LIBERTAD Y FELICIDAD

Estoy impaciente por saber qué pensáis de los últimos problemas en los Estados orientales. Por lo que he podido ver hasta ahora, no parecen amenazar con peligrosas consecuencias. Esos Estados han padecido la obstrucción de sus canales de comercio, sin hallar aún otras salidas. Esto hace escaso el dinero, y provoca el desasosiego en el pueblo. Este desasosiego ha producido actos absolutamente injustificables; pero espero que no provocará represalias de sus gobiernos.

En quienes detentan el poder, la conciencia de haber sido honesta su administración de los asuntos públicos puede, quizá, producir un grado excesivo de indignación; y aquellos temperamentos donde el miedo predomina sobre la esperanza pueden excederse en la apreciación de estos casos de irregularidad. Pueden sacar en conclusión, apresuradamente, que la naturaleza hizo al hombre incapaz de merecer gobierno distinto del de la fuerza, conclusión no basada en la verdad ni en la experiencia.

Las sociedades existen en tres formas, suficientemente discernibles. 1) Sin gobierno, como entre nuestros indios. 2) Bajo gobiernos donde la voluntad de cada uno posee una influencia justa, como acontece en Inglaterra en cierta -escasa- medida, mucho mayor en nuestros Estados. 3) Bajo gobiernos de fuerza, como sucede en todas las otras monarquías y en la mayoría de las otras repúblicas. Es preciso conocerlos, para hacerse una idea de la maldición en que convierten la existencia. Es un gobierno de lobos sobre ovejas.

Allí donde el descontento no lleva a la rebelión anuncia la muerte de la libertad pública. Los demócratas honestos no desalientan en exceso las rebeliones. Son una medicina necesaria para la buena salud del gobierno.

No tengo por claro que la primera situación no sea la mejor. Pero no me parece compatible con cualquier nivel alto de población. El segundo tipo de Estado tiene muchas cosas buenas. La masa humana a él sometida disfruta de un grado precioso de libertad y felicidad. También tiene sus defectos, de los cuales el principal es la turbulencia a la cual se ve expuesto.

Pero esto se convierte en nada sopesándolo en comparación con las opresiones de la monarquía. Prefiero la libertad con riesgo a una cómoda servidumbre. Incluso este defecto produce bien, pues evita la degeneración del gobierno, y alimenta una atención general hacia los asuntos públicos. Sostengo que un poco de rebelión, aquí y allá, es cosa buena, y tan necesaria en el mundo político como las tormentas en el físico. De hecho, las rebeliones yuguladas suelen establecer incursiones en los derechos del pueblo que las produjo.

Una observación de esta verdad debería hacer que los gobernantes republicanos honestos fuesen indulgentes en su castigo de las rebeliones, a fin de no desalentarlas en demasía. Son una medicina necesaria para la buena salud del gobierno.

EL PUEBLO DEBE ADVERTIR A SUS GOBERNANTES DE QUE CONSERVA EL ESPÍRITU DE RESISTENCIA

El Marqués de Lafayette constituye para mí un apoyo de valor inexagerable. Su devoción es ilimitada, y grande su ascendiente entre quienes detentan el poder. Como su educación ha sido meramente militar, el comercio constituye para él un campo desconocido. Pero como su buen sentido le permite entender todo cuanto se le explique, su colaboración ha sido muy eficaz. Posee mucho talento práctico, es bien visto por el rey y su popularidad crece. Nada tiene en su contra, salvo la sospecha de que alberga principios republicanos. Creo que algún día formará parte de los ministros. Su talón de Aquiles es un apetito canino por la popularidad y la fama, pero lo superará. [Carta a James Madison. París, 30 de enero de 1787]

¿Puede la historia mostrar un caso de rebelión [se refiere a la de Shay, en Massachusetts] tan honorablemente conducida? Nada diré de sus motivos. Se basaban en la ignorancia, no en la maldad. Dios nos libre de estar alguna vez veinte años sin una rebelión semejante.

Las gentes no siempre pueden estar bien informadas en su totalidad. La parte que no lo está se sentirá descontenta, en proporción a la importancia de los hechos que juzga erróneamente. Si en tales circunstancias no protesta es un letargo, anuncio de una muerte para la libertad pública.

Hemos tenido trece Estados independientes durante once años. Ha habido una rebelión. Eso equivale, para cada Estado, a una rebelión y media cada siglo. ¿Qué país ha existido antes durante siglo y medio sin una rebelión? y ¿qué país podrá preservar sus libertades si sus gobernantes no son advertidos de cuando en cuando de que el pueblo conserva su espíritu de resistencia?

Dejad que cojan las armas. El remedio es explicarles los hechos correctamente, perdonar y pacificarlos. ¿Qué significan unas pocas vidas perdidas en un siglo o dos? El árbol de la libertad debe ser refrescado de cuando en cuando con la sangre de patriotas y tiranos. Es su abono natural. [Carta al Coronel Smith, diplomático americano, yerno de John Adams. París, 13 de octubre de 1787]

* * *

THOMAS JEFFERSON, Autobiografía y otros escritos. Editorial Tecnos, 1987. Traducción de A. Escohotado y M. Sáenz de Heredia. [FD, 17/04/2007]

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