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NO SABEMOS CÓMO VIVIR JUNTOS, por Thomas Nagel

Filed under: ABECÉ DE LA DEMOCRACIA — 19 August, 2009 @ 21:14

“Los problemas más difíciles de la teoría política son los conflictos internos al individuo y no serán adecuadas las soluciones externas que no los tengan en cuenta en su propio origen. Defiendo que el punto de vista impersonal produce en cada uno de nosotros una potente exigencia de imparcialidad e igualdad universal, a la vez que el punto de vista individual hace brotar motivos y exigencias individualistas que obstaculizan la búsqueda y realización de aquellos ideales. En gran medida las instituciones políticas y sus justificaciones teóricas tratan de externalizar las demandas del punto de vista impersonal. Pero tienen que configurarse y ser construidas por individuos en quienes la posición impersonal coexiste con la personal, aspecto que debe reflejarse en su diseño. Vivimos en un mundo de desigualdad económica y social muy poco confortable espiritualmente, un mundo cuyo progreso hacia el reconocimiento de normas comunes de tolerancia, libertad individual y desarrollo humano es inestable y de una lentitud desesperante. De hecho no sabemos cómo vivir juntos.”

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Este ensayo trata con lo que me parece que es el problema central de la teoría política. En lugar de proponer una solución, trataré de explicar en qué consiste y por qué es tan difícil de resolver.

NO POSEEMOS TODAVÍA UN IDEAL POLÍTICO ACEPTABLE

El resultado no es preciso que se vea en forma pesimista puesto que el reconocimiento de un obstáculo serio es siempre una condición necesaria del progreso, y creo que hay esperanza de que en el futuro puedan desarrollarse instituciones políticas y sociales que continúen nuestro irregular progreso hacia la igualdad moral, sin ignorar las tercas realidades de la naturaleza humana.

Cuando cada árbol se desarrolla libremente, se distingue pero no está separado del resto, y así, entre todos, componen un bosque que es como un único árbol.

No es que opine que sean insatisfactorios todos los acuerdos y planes políticos o sociales tan ingeniosamente diseñados. Podría pensarse así debido al fracaso de todos los sistemas reales a la hora de cumplir con un ideal que todos podríamos reconocer como correcto. Aparece un problema más profundo, uno que no es simplemente práctico sino teórico: no poseemos todavía un ideal político aceptable, por razones que pertenecen a la filosofía moral y política.

Se trata del bien conocido problema de intentar reconciliar la posición de la colectividad con la posición del individuo; pero no quiero abordarlo principalmente como una cuestión relativa a la relación entre el individuo y la sociedad, sino considerarlo en su origen y esencia como un asunto referido a la relación del individuo consigo mismo. Este tratamiento refleja la convicción de que la ética y las bases éticas de la teoría política tienen que entenderse brotando de la división, que se da en cada individuo, entre dos puntos de vista: el personal y el impersonal.

El segundo representa las exigencias de la colectividad y plantea sus demandas a cada individuo. Si no existiera, no habría moralidad, solamente se daría la confrontación, el compromiso y la convergencia ocasional de las perspectivas individuales. Cada uno de nosotros es sensible a las demandas de otros por medio de la moralidad pública y privada, porque el individuo no se sitúa exclusivamente en su propio punto de vista.

Cualquier acuerdo social que gobierne las relaciones entre los individuos, o entre el individuo y la colectividad, depende del correspondiente balance de fuerzas en el fuero interno, donde se refleja como en un microcosmos. Para cada individuo esa imagen refleja la relación entre la posición personal y la impersonal, de ella depende el acuerdo social que requiere nuestra contribución.

Si determinado acuerdo reclama el apoyo de quienes viven bajo él, en otros términos, si reclama legitimidad, debe producir o apoyarse en alguna forma de integración razonable de los elementos naturalmente divididos del yo. La división no es estricta y contiene una enorme complejidad subordinada, pero me parece indispensable considerarla a la hora de pensar en el tema.

LOS INDIVIDUOS TRANSFORMAN SUS CONFLICTOS MORALES EN SOCIALES

Los problemas más difíciles de la teoría política son los conflictos internos al individuo y no serán adecuadas las soluciones externas que no los tengan en cuenta en su propio origen. Defiendo que el punto de vista impersonal produce en cada uno de nosotros una potente exigencia de imparcialidad e igualdad universal, a la vez que el punto de vista individual hace brotar motivos y exigencias individualistas que obstaculizan la búsqueda y realización de aquellos ideales. El reconocimiento de que esto es cierto para todos coloca a la posición impersonal ante posteriores problemas referidos a lo que se precisa para tratar a las personas con una consideración igual, y esto mismo sitúa al individuo ante otros conflictos.

Los mismos problemas aparecen respecto a la moralidad de la conducta personal, pero defenderé que su tratamiento debe extenderse a la teoría política donde las relaciones de apoyo mutuo, o las de conflicto entre las instituciones políticas y la motivación individual, son absolutamente importantes. Resulta pues que es muy difícil conseguir una combinación armónica de un ideal político aceptable con normas aceptables de moralidad personal.

¿Por qué los seres humanos, todos diferentes pero de la misma especie, no sabemos vivir juntos?

Por tanto, otra manera de plantear el problema es la siguiente: cuando tratamos de descubrir normas morales razonables para la conducta de los individuos e intentamos integrarlas con normas justas para la evaluación de las instituciones sociales y políticas, parece que no hay manera satisfactoria de integrarlas conjuntamente. Responden a presiones opuestas que provocan la disgregación.

En gran medida las instituciones políticas y sus justificaciones teóricas tratan de externalizar las demandas del punto de vista impersonal. Pero tienen que configurarse y ser construidas por individuos en quienes la posición impersonal coexiste con la personal, aspecto que debe reflejarse en su diseño. Lo que digo es que no se ha resuelto el problema de diseñar instituciones que hagan justicia por igual a la importancia de todas las personas, sin que resulten inaceptables las exigencias que planteen a los individuos; esto es así, en parte, porque en nuestro mundo no está resuelto el problema de la relación correcta dentro de cada individuo entre la posición personal y la impersonal.

La mayor parte de la gente percibe esto cuando reflexiona. Vivimos en un mundo de desigualdad económica y social muy poco confortable espiritualmente, un mundo cuyo progreso hacia el reconocimiento de normas comunes de tolerancia, libertad individual y desarrollo humano es inestable y de una lentitud desesperante. Hay algunas mejoras notorias, y los acontecimientos recientes en Europa del Este deben provocar cierta tranquilidad a quienes como yo, en respuesta a los rasgos dominantes de este siglo, han sostenido un pesimismo defensivo respecto a las perspectivas de la humanidad. De hecho no sabemos cómo vivir juntos.

La manifiesta tendencia de las personas civilizadas a enfrentarse por millones en una guerra nuclear parece derrumbarse en la medida en que los conflictos que la alimentaban pierden su virulencia. Pero incluso en el mundo desarrollado, y por supuesto en el mundo en su globalidad, los problemas que generaba la gran ruptura política y moral entre el capitalismo democrático y el comunismo autoritario no se han resuelto a pesar del espectacular fracaso competitivo del segundo.

LAS DEMOCRACIAS NO SATISFACEN EL IDEAL DE LA IGUALDAD MORAL

El comunismo puede que haya sido derrotado en Europa, y puede que vivamos para celebrar también su caída en Asia, pero esto no significa que el capitalismo democrático sea la última palabra en los planes humanos de organización social. En este momento histórico vale la pena recordar que el comunismo debe en parte su existencia a un ideal de igualdad, que mantiene su atractivo a pesar de todo lo enorme que hayan sido los crímenes cometidos y los desastres económicos producidos en su nombre.

Las sociedades democráticas no han encontrado la manera de atender este ideal: es un problema para las viejas democracias occidentales, será un problema muy serio en las democracias emergentes que sigan al colapso del comunismo en Europa Oriental, y quizá lo sea en cualquier parte. No es que la filosofía política vaya a transformar esta situación, pero tiene un papel que cumplir porque algunos de los problemas aparentemente prácticos de la vida política tienen unos orígenes teóricos y morales.

Las convicciones morales impulsan las elecciones políticas, y la ausencia de un acuerdo moral, si es muy fuerte, puede ser bastante más disgregadora que un simple conflicto de intereses. Cualquiera que tenga tendencia a dudar de la conexión entre la teoría política y la realidad no puede dejar de verse influido por los acontecimientos: en todo el mundo se están desarrollando abiertamente batallas morales y teóricas, a veces con carros de combate auténticos.

Se podría pensar en la teoría política como en una tarea de descubrimiento; el descubrimiento de posibilidades humanas cuya realización efectiva se ve estimulada y apoyada por el descubrimiento mismo. Efectivamente, és es la forma en que la han visto la mayoría de las figuras tradicionales de la teoría política. Se desarrollaba en el plano de la imaginación de un futuro moral, con la esperanza de contribuir a su realización.

Pero esta orientación conlleva inevitablemente el riesgo de utopismo, problema que supone un aspecto importante de nuestro asunto.

* * *

THOMAS NAGEL, profesor de Filosofía y Derecho en la Universidad de Nueva York, 1996. Igualdad y parcialidad. Bases éticas de la teoría política (Introducción, 1ª parte). Paidós, 2006, edición en español. [FD, 23/11/2006]

2 comentarios »

  1. gustavo trivino anzola:

    Excelente enfoque. El espíritu no está satisfecho y no hemos aprendido a convivir.

  2. Jesús Díaz Formoso:

    “Se trata del bien conocido problema de intentar reconciliar la posición de la colectividad con la posición del individuo”.

    … con todos mis respetos, creo que ES AL REVÉS: Comienza en el individuo .. y se extiende a la colectividad.

    Cada individualidad posee su propio -y a la vez, común- ESPÍRITU SAGRADO. Y ese Espírutu es, de naturaleza, indómito.

    Mal camino el querer doblegar lo intangible.

    Un abrazo.

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