Mundo Libre Digital

"Para que una nación ame la libertad basta con que la conozca, y para que sea libre basta con que lo desee." Lafayette

LA LIBERTAD COMO PRINCIPIO, por Abraham Lincoln

Filed under: ABECÉ DE LA DEMOCRACIA — 22 February, 2009 @ 12:54

“Me opongo a la esclavitud porque asume que PUEDE haber un DERECHO MORAL en el hecho de que un hombre esclavice a otro. Me opongo a él porque es una peligrosa frivolidad para un pueblo libre, una triste evidencia de que, en la prosperidad, olvidamos el derecho, de que hemos dejado de reverenciar la libertad como principio. La esclavitud se funda en el egoísmo de la naturaleza del hombre; la oposición a ella, en su amor a la justicia. La odio por la monstruosa injusticia de la esclavitud misma. La odio porque priva a nuestro ejemplo republicano de su preciosa influencia en el mundo. Permite a los enemigos de las instituciones libres, de manera plausible, tacharnos de hipócritas, hace que los verdaderos amigos de la libertad duden de nuestra sinceridad y, en especial, obliga a muchos hombres realmente buenos entre nosotros a entrar en guerra abierta con los mismos principios fundamentales de la libertad civil, criticar la Declaración de Independencia e insistir en que no hay ningún principio justo de acción salvo el propio interés. Adoptemos de nuevo la Declaración de Independencia y, con ella, las prácticas de la política con las que armoniza. Que el norte y el sur, que todos los americanos, que todos los amantes de la libertad en todos los lugares se unan en esta obra grande y buena. Si lo hacemos, no sólo habremos salvado la Unión, sino que la habremos salvado para hacerla y conservarla siempre signa de ser salvada. La habremos salvado de tal modo que los sucesivos millones de personas libres y felices por todo el mundo se levantarán y nos bendecirán hasta la última de las generaciones.”

* * * * * * *

La revocación del Compromiso de Missouri y la conveniencia de su restauración constituyen el tema del que voy a hablar. Deseo también decir que no me propongo cuestionar el patriotismo o atacar los motivos de ningún hombre o clase de hombres, sino limitarme a los méritos estrictos de la cuestión. También deseo adoptar una actitud de alcance nacional en todas las opiniones que asuma, y siempre que asuma motivos que otros podrían creer estrechos, seccionales y peligrosos para la Unión, confío en dar una razón que parezca suficiente, al menos a algunos, de por qué pienso de manera diversa.

Y como este asunto no es sino una parte esencial de la esclavitud doméstica, deseo HACER y MANTENER la distinción entre la institución EXISTENTE y su EXTENSIÓN, de manera tan amplia y tan clara que ningún hombre honrado pueda malentenderme y ninguno deshonesto consiga desvirtuarme.

CON JEFFERSON, AUTOR DE LA DECLARACIÓN DE INDEPENDENCIA, ACTOR PRINCIPAL DE LA REVOLUCIÓN Y TAL VEZ EL POLÍTICO MÁS DISTINGUIDO DE LA HISTORIA AMERICANA, SE ORIGINÓ LA PROHIBICIÓN DE LA ESCLAVITUD EN LOS NUEVOS TERRITORIOS

Para tener una idea clara de lo que es el compromiso de Missouri, tal vez resulte apropiada una breve historia de los asuntos similares precedentes. Cuando establecimos nuestra independencia, no poseíamos ni reclamábamos la tierra al que este compromiso se aplica. En efecto, en sentido estricto, la Confederación no poseía entonces tierra alguna; los Estados poseían respectivamente la tierra dentro de sus fronteras y algunos de ellos poseían territorios más allá de sus estrictas fronteras estatales.

El señor Jefferson, autor de la Declaración de Independencia, actor principal, además, de la revolución, entonces delegado en el Congreso, luego presidente dos veces, que fue, es y tal vez continuará siendo el político más distinguido de nuestra historia, virginiano de nacimiento y residencia continuada y, además, propietario de esclavos, concibió la idea de aprovechar la ocasión para impedir que la esclavitud penetrara en el Territorio del Noroeste. Convenció a la cámara legislativa de Virginia de que adoptara sus ideas y cediera el territorio, con la consiguiente prohibición de la esclavitud como condición de la escritura. El Congreso aceptó la cesión con esa condición y, en la primera ordenanza (como entonces se llamaba a los decretos del Congreso) para el gobierno del territorio, dispuso que la esclavitud no fuera permitida allí. Ésa es la famosa Ordenanza del 87, de la que tanto se ha hablado. En adelante, durante sesenta y un años y hasta 1848, en que la última porción de este territorio entró en la Unión como Estado de Wisconsin, todos los partidos actuaron con tranquilo arreglo a esa ordenanza. Ahora es lo que Jefferson previó y pretendió: el hogar feliz de millones de personas libres, blancas y prósperas, sin esclavos entre ellas.

Así, con el autor de la Declaración de Independencia, se originó la política de prohibición de la esclavitud en el nuevo territorio. Así, mucho antes de la Constitución, con el aliento puro y libre de la revolución, el Estado de Virginia y el Congreso nacional pusieron esa política en práctica. Así, durante sesenta de los mejores años de la república, esa firme resolución deparó su gran y beneficioso fin. Así, en esos cinco Estados y cinco millones de personas libres y emprendedoras, tenemos ante nosotros los ricos frutos de esa resolución. Pero ahora apunta sobre nosotros una nueva luz. Ahora el Congreso declara que esto no debería haber ocurrido y que no deberá ocurrir nada parecido. ¡Esa resolución ha violado groseramente el sagrado derecho de autogobierno! Hay incluso algunos hombres, que lanzaron por vez primera el primer aliento y las demás ramas de su vida bajo esta misma restricción, que ahora viven con el temor de asfixiarse si ven restringido el “sagrado derecho” de llevar esclavos a Nebraska. Jefferson no pensaba en esa perfecta libertad por la que suspiran, la libertad de hacer esclavos de otro pueblo; sus propios padres nunca pensaron en ello; hace un año ni siquiera ellos lo pensaban. ¡Qué afortunados son por no haber sido conscientes antes de su gran miseria! ¡Ah, qué difícil es tratar con respeto estos ataques a lo que en verdad siempre hemos considerado sagrado!

Pero volvamos a la historia. Fue una ley aprobada el día 6 de marzo de 1820, que disponía que Missouri entraría en la Unión con esclavitud, pero que en la parte restante del territorio comprado a Francia, no se permitiría la esclavitud. Esa provisión legal es el Compromiso de Missouri. Al excluir la esclavitud al norte de esa línea, se empleaba el mismo lenguaje que en la Ordenanza del 87.

El 4 de enero de 1854, el juez Douglas presentó un nuevo proyecto de ley para dar a Nebraska un gobierno territorial. Adjuntó a ese proyecto un informe en que, por fin, recomendaba expresamente que el compromiso de Missouri no fuera ratificado ni revocado. Poco después, el proyecto e ley se modificó para formar dos territorios en lugar de uno; el del sur se llamó Kansas.

Un mes después de introducir el proyecto de ley, a petición del juez, se presentó una enmienda que declaraba inoperante y nulo el Compromiso de Missouri y, en esencia, que el pueblo que fuera y se estableciera allí podría establecer la esclavitud o excluirla, a su elección. Con esta forma, el proyecto de ley fue aprobado por ambas cámaras del Congreso y se convirtió en ley. Ésa es la revocación del Compromiso de Missouri. Pienso, y trataré de demostrar, que es injusta; injusta en su efecto directo, al permitir la esclavitud en Kansas y Nebraska, e injusta en su principio prospectivo, pues tolera que se extienda a cualquier parte del mundo donde los hombres pudiera sentirse inclinados a adoptarla.

ES VUESTRO SENTIDO DE LA JUSTICIA Y DE LA SIMPATÍA HUMANA EL QUE OS DICE QUE EL POBRE NEGRO TIENE ALGÚN DERECHO NATURAL Y QUE EL QUE LO CONVIERTE EN MERCANCÍA MERECE PATADAS, DESPRECIO Y MUERTE

No puedo sino odiar esa declarada indiferencia, verdadero celo encubierto, según debo creer, por la extensión de la esclavitud. La odio por la monstruosa injusticia de la esclavitud misma. La odio porque priva a nuestro ejemplo republicano de su preciosa influencia en el mundo. Permite a los enemigos de las instituciones libres, de manera plausible, tacharnos de hipócritas, hace que los verdaderos amigos de la libertad duden de nuestra sinceridad y, en especial, obliga a muchos hombres realmente buenos entre nosotros a entrar en guerra abierta con los mismos principios fundamentales de la libertad civil, criticar la Declaración de Independencia e insistir en que no hay ningún principio justo de acción salvo el propio interés.

Antes de seguir, dejadme decir que no creo tener prejuicio alguno contra la gente del sur. Es como nosotros seríamos en su situación. Si la esclavitud no existiera ahora entre ellos, no la introducirían. Si existiera ahora entre nosotros, no renunciaríamos a ella al instante. Esto es lo que creo de las masas del norte y del sur. Sin duda, hay individuos en ambos lados que no tendrían esclavos en ninguna circunstancia y otros que alegremente introducirían la esclavitud si no existiera. Sabemos que algunos hombres del sur liberan a sus esclavos, van al norte y se convierten en señalados abolicionistas, mientras que algunos del norte van al sur y se convierten en los más crueles propietarios de esclavos.

Cuando los del sur nos dicen que no son más responsables del origen de la esclavitud que nosotros, lo admito. Cuando se dice que la institución existe y que es muy difícil librarse de ella de una manera satisfactoria, puedo comprender y apreciar la afirmación. Seguramente no los culparé por no hacer lo que yo mismo no sabría cómo resolver. Si tuviera todo el poder terrenal, no sabría cómo usarlo respecto a esta institución. Mi primer impulso sería liberar a todos los esclavos y enviarlos a Liberia, a su propia tierra nativa. Pero, tras reflexionar, me convenzo de que, cualquiera que sea la elevada esperanza que pueda haber en ello (como creo que la hay) a largo plazo, su ejecución inmediata es imposible. Si todos fueran desembarcados allí en un día, perecerían en los diez días siguientes, y no hay naves ni dinero suficientes en el mundo para llevarlos allí en intervalos de diez días.

Entonces, ¿qué? ¿Liberarlos a todos y mantenerlos entre nosotros como subordinados? ¿Mejoraría eso su condición? Creo que no mantendría a nadie en la esclavitud en ningún caso, pero la cuestión no está tan clara para mí como para censurar a las personas por ello. ¿Qué hacer a continuación? ¿Liberarlos y convertirlos en nuestros iguales política y socialmente? Mis propios sentimientos no lo admitirían y, si lo hicieran, bien sabemos que los de la gran masa de las personas blancas no lo harán. Decir que ese sentimiento está de acuerdo con la justicia y el juicio firme no es la única cuestión, si es que, en efecto, tiene algo que ver al respecto. Un sentimiento universal, esté bien o mal fundado, no puede despreciarse impunemente. No podemos, pues, hacerlos iguales. Me parece que podrían adoptarse sistemas de emancipación gradual, pero no me propongo juzgar a nuestros hermanos del sur por su demora en hacerlo.

Sin embargo, hay en los Estados Unidos y en los territorios, incluido el distrito de Columbia, 433.643 negros libres. Por lo general, no vemos por ahí circulando caballos libres o ganado libre. ¿Cómo es esto? Todos estos negros libres son descendientes de esclavos o han sido esclavos ellos mismos, y serían esclavos ahora si no fuera porque ALGO ha ocurrido en sus propietarios blancos que los ha inducido, con gran sacrificio pecuniario, a liberarlos. ¿Qué es ese ALGO? ¿Hay alguna equivocación en ello? En todos estos casos es vuestro sentido de la justicia, y de la simpatía humana, el que os dice que el pobre negro tiene algún derecho natural, y que aquellos que lo niegan y lo convierten en mera mercancía merecen patadas, desprecio y muerte. Ahora bien, ¿por qué nos pedís que neguemos la humanidad del esclavo y que lo consideremos igual al cerdo? ¿Por qué pedirnos que hagamos lo que vosotros mismos no haríais?

Pero aún queda otro argumento a favor de la revocación del Compromiso de Missouri. Ese argumento es “el sagrado derecho de autogobierno”. Parece que nuestro distinguido senador ha tenido gran dificultad en lograr que sus antagonistas, incluso en el Senado, respondan con decencia a este argumento. Un poeta dijo: “Los tontos se precipitan donde los ángeles temen pisar” (Alexander Pope). A riesgo de ser tomado por uno de los tontos de esta cita, respondo a ese argumento, me precipito en él, cojo el toro por los cuernos.

EL PRINCIPIO RECTOR DEL REPUBLICANISMO DICE QUE NINGÚN HOMBRE ES TAN BUENO COMO PARA GOBERNAR A OTRO SIN SU CONSENTIMIENTO

Confío en comprender y apreciar verdaderamente el derecho al autogobierno. Mi fe en la proposición de que todo hombre debería obrar precisamente como le plazca en todo lo que le concierne en exclusiva, se halla en el fundamento del sentido de la justicia que hay en mí. Extiendo el principio a las comunidades de hombres, así como a los individuos. Lo extiendo porque es políticamente sabio, así como naturalmente justo: políticamente sabio, al evitar peleas sobre asuntos que no nos conciernen. Aquí, o en Washington, no me molestaría por las leyes sobre ostras de Virginia o las leyes sobre arándanos de Indiana.

La doctrina del autogobierno es correcta -absoluta y eternamente correcta-, pero no tiene una aplicación justa aquí, como se pretende. O tal vez debería decir que la justa aplicación depende de si un negro es o no es un hombre. Si no es un hombre, en ese caso, el que lo sea puede, en virtud del autogobierno, obrar con él como le plazca. Pero, si el negro es un hombre, ¿no es en tal sentido una destrucción del autogobierno decir que tampoco él se gobernará a sí mismo? Cuando el hombre blanco se gobierna a sí mismo, tenemos el autogobierno, pero, cuando se gobierna a sí mismo y también gobierna a otro hombre, eso es algo más que autogobierno, eso es despotismo. Si el negro es un hombre, ¿por qué me enseña entonces mi antigua fe que “todos los hombres han sido creados iguales” y que no puede haber derecho moral alguno en relación con que un hombre esclavice a otro?

A menudo el juez Douglas, con amarga ironía y sarcasmo, parafrasea nuestro argumento al decir: “Las personas blancas de Nebraska son lo bastante buenas para gobernarse a sí mismas, ¡pero no son lo bastante buenas para gobernar a unos pocos negros miserables!”

Bien, no dudo de que el pueblo de Nebraska es y continuará siendo tan bueno en término medio como el pueblo de cualquier otro lugar. No digo lo contrario. Lo que digo es que ningún hombre es tan bueno como para gobernar a otro hombre sin el consentimiento del otro. Digo que este es el principio rector, el ancla de la esperanza del republicanismo americano. Nuestra Declaración de Independencia dice:

Tenemos las siguientes verdades por evidentes en sí mismas: todos los hombres son creados iguales; que su creador les ha otorgado derechos inherentes e inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres gobiernos cuyos poderes legítimos emanan del consentimiento de los gobernados; que cuando una forma cualquiera de gobierno pone en peligro esos fines, el pueblo tiene derecho a alterarla o abolirla y a instituir nuevo gobierno, fundamentándolo en los principios, y organizando sus poderes en la forma que, a su juicio, le ofrezcan más posibilidades de alcanzar su seguridad y felicidad.”

He citado tales palabras esta vez sólo para demostrar que, según nuestra antigua fe, los justos poderes de los gobiernos se derivan del consentimiento de los gobernados. Ahora bien, la relación de los amos y los esclavos es, POR TANTO, una total violación de este principio. El amo no sólo gobierna al esclavo sin su consentimiento, sino que lo gobierna con una serie de normas completamente diferentes de aquellas que se prescribe a sí mismo. Permitid que todos los gobernados tengan una voz igual en el gobierno, y sólo eso es el autogobierno.

Pero Nebraska se presenta como una gran medida salvadora de la Unión. También yo me propongo salvar la Unión. Por mucho que odie la esclavitud, consentiría en su extensión antes que ver disuelta la Unión, así como consentiría en un GRAN mal para evitar uno MAYOR. Pero, si pienso en salvar la Unión, debo creer que los medios que empleo están adaptados al fin. A mi juicio, Nebraska no supone tal adaptación: “No hay en ella un ápice de salvación” (Hamlet, III, 3:92).

ES UNA TRISTE EVIDENCIA QUE, EN LA PROSPERIDAD, OLVIDAMOS EL DERECHO Y DEJAMOS DE REVERENCIAR LA LIBERTAD COMO PRINCIPIO

La esclavitud se funda en el egoísmo de la naturaleza del hombre; la oposición a ella, en su amor a la justicia. Estos principios son un eterno antagonismo y, cuando entran en colisión tan ferozmente, los choques, los dolores y las convulsiones deben seguirlos incesantemente. Revocad el Compromiso de Missouri, revocad todo compromiso, revocad la Declaración de Independencia, revocad toda la historia pasada, no podréis revocar la naturaleza humana. La abundancia del corazón humano aún nos dirá que la extensión de la esclavitud resulta equivocada y, por abundancia de su corazón, esta boca continuará hablando.

Pero, si restauráis el compromiso, entonces, ¿qué? Con ello restauramos la fe nacional, la confianza nacional, el sentimiento nacional de fraternidad. Con ello restauramos el espíritu de concesión y compromiso, ese espíritu que nunca nos ha fallado en peligros pasados y en el que podemos confiar con seguridad de cara a los futuros. El sur debería unirse a nosotros en esto. La paz de la nación les es tan querida a ellos como a nosotros. Comparten con nosotros en igual medida los recuerdos del pasado y las esperanzas del futuro. Sería, por su parte, un gran acto, grande en su espíritu y grande en su efecto. Sería valiosa para la nación la compra de cien años de paz y prosperidad. ¿Y qué sacrificio deberían hacer? Sólo nos concederán a nosotros lo que nos dieron por un precio hace mucho, mucho tiempo; algo que ahora no tienen, que no han pedido ni ha sido para ellos objeto de lucha o preocupación; algo que les ha caído en las manos para gran sorpresa suya y nuestra.

Algunos hombres, la mayoría whigs, que condenan la revocación del Compromiso de Missouri, dudan, sin embargo, sobre su restauración por temor a aparecer en compañía de los abolicionistas. ¿Me permitirán que, como un viejo whig, les diga con buen humor que esto me parece muy tonto? Estad con quien esté en los CIERTO. Estad con él mientras esté en lo cierto y ALEJAOS de él cuando esté equivocado. Estad CON el abolicionista en la restauración del Compromiso de Missouri, y estad CONTRA él cuando trate de revocar la ley de esclavos fugitivos. En el último caso, estáis con los enemigos sureños de la Unión. ¿Y qué? Aún estáis en los cierto. En ambos casos estáis en lo cierto. En ambos casos os oponéis a los extremos peligrosos. En ambos casos estáis en un terreno intermedio y mantenéis el barco equilibrado y seguro. En ambos casos vuestra posición es nacional y nada menos que nacional. Éste es el buen y viejo terreno whig. Abandonar este terreno a causa de cualquier compañía es ser menos que un whig, menos que un hombre, menos que un americano.

Me opongo en particular al NUEVO rango que el reconocido principio de esta ley de Nebraska confiere a la esclavitud en el cuerpo político. Me opongo a él porque asume que PUEDE haber un DERECHO MORAL en el hecho de que un hombre esclavice a otro. Me opongo a él porque es una peligrosa frivolidad para un pueblo libre, una triste evidencia de que, en la prosperidad, olvidamos el derecho, de que hemos dejado de reverenciar la libertad como principio. Me opongo a él porque los padres de la república lo esquivaron y rechazaron. El único argumento que admitieron fue el de la “necesidad”, y llegaron sólo hasta donde ésta les llevo. Encontraron la institución entre nosotros y no pudieron evitarlo, y culparon al rey británico por haber permitido su introducción. ANTES de la Constitución, prohibieron su introducción en el Territorio del Noroeste, el único territorio que poseían, entonces libre de ella. Al forjar y adoptar la Constitución, se abstuvieron incluso de mencionar la palabra “esclavo” o “esclavitud” en todo el instrumento. En la disposición para recuperar a los fugitivos, se habla del esclavo como una “persona sujeta a servicio o trabajo”. Nuestros padres no PUDIERON hacer menos que esto y no QUISIERON hacer MÁS. La necesidad los condujo hasta allí y no fueron más lejos. Así vemos que el espíritu de esa época, inequívocamente claro hacia la esclavitud, era el de hostilidad al PRINCIPIO y el de la tolerancia SÓLO POR NECESIDAD.

Compatriotas, americanos del sur, así como del norte, ¿no haremos ningún esfuerzo para detener esto? Por todo el mundo el partido liberal expresa ya la aprensión de que “la única institución retrógrada en América está minando los principios de progreso y violando fatalmente el más noble sistema político que el hombre ha visto”. No se trata de la burla de los enemigos, sino del aviso de los amigos. ¿Es seguro omitirlo, despreciarlo? ¿No hay peligro para la libertad misma al descartar la primera práctica y el primer principio de nuestra antigua fe? Tengamos cuidado, no sea que en nuestra codiciosa carrera para sacar provecho del negro “cancelemos y hagamos pedazos” incluso la carta de libertad del hombre blanco.

Nuestro manto republicano está sucio y es arrastrado por el polvo. Volvamos a purificarlo. Volvamos a lavarlo y dejémoslo limpio con el espíritu, si no con la sangre de la revolución. Adoptemos de nuevo la Declaración de Independencia y, con ella, las prácticas de la política con las que armoniza. Que el norte y el sur, que todos los americanos, que todos los amantes de la libertad en todos los lugares se unan en esta obra grande y buena. Si lo hacemos, no sólo habremos salvado la Unión, sino que la habremos salvado para hacerla y conservarla siempre signa de ser salvada. La habremos salvado de tal modo que los sucesivos millones de personas libres y felices por todo el mundo se levantarán y nos bendecirán hasta la última de las generaciones.

* * *

ABRAHAM LINCOLN, Discurso sobre el Decreto de Kansas-Nebraska, pronunciado el 16 de octubre de 1854 (extractado). Tomado de El discurso de Gettysburg y otros escritos sobre la Unión. Editorial Tecnos, 2005. Traducción de Javier Alcoriza y Antonio Lastra, 2005.

Sin comentarios »

Sin comentarios.

RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Escriba su comentario.

Line and paragraph breaks automatic, e-mail address never displayed, HTML allowed: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

(required)

(required)