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"Para que una nación ame la libertad basta con que la conozca, y para que sea libre basta con que lo desee." Lafayette

LIBERTAD ¿PARA QUÉ?, por Jesús Nava

Filed under: SANTO Y SEÑA — 19 October, 2007 @ 07:55

“He tratado del Estado democrático, con preferencia a todos los demás, porque me parecía el más natural y el que más se aproxima a la libertad que la naturaleza concede a cada individuo” (Spinoza).

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Fernando de los Ríos, partidario de un socialismo democrático, visitó a Lenin, junto con otro comisionado español, para estudiar las condiciones en que el Partido Socialista Obrero Español, podría ingresar en la Internacional Roja. Lenin les puso veintiuna condiciones. Fernando de los Ríos, ya de vuelta, defendió la negativa a entrar en la III Internacional Comunista, sobre todo porque vino preocupado por los sesgos totalitarios que observó en la Rusia soviética. Al parecer le preguntó a Lenin qué pasaba con la libertad. Y el político marxista replicó: “Libertad, ¿para qué?”.

Lenin, 1.870-1924, pintado al óleo por Brodsky

Semejante respuesta sólo puede proceder de un filósofo ignorante o de un político cínico. Si fue verdad que Lenin sintió, según reivindicación de su mujer, “un gran amor hacia la clase trabajadora” -¿qué clase de amor es el amor a una clase?- fue un amor mal entendido. Y un filósofo que no entiende lo que es el amor es un filósofo nulo, porque no entiende lo esencial. Pero, en cuanto que político, fue un cínico y un déspota, pues negó, a los que dijo amar tanto, la libertad que no hubiera soportado le arrebataran a él.

Nadie con un mínimo de honestidad intelectual y buen juicio puede preguntar para qué sirven cosas como la libertad, la vida o la felicidad. No sirven para nada, porque no son medios para conseguir fines más altos, sino un fin en sí mismas. Ignorar esto, y no sentirlo vivamente, es yacer en la oscuridad espiritual más espantosa. Compadezco al que vive en ese estado de ignorancia e incultura respecto a lo que más importa. Le compadezco, aunque no le desprecio, por supuesto. Es deber de todo hombre razonable instruir a los indoctos, por eso escribo; y aprender de los sabios, por eso estudio.

No me extraña en absoluto la enorme diferencia que noto al leer a los filósofos del Estado democrático y a los propagandistas de las estúpidas ideologías del miedo. Mientras Lenin -y otros tiranos mal ilustrados- consideraba que había cosas más importantes que hacer por la humanidad que liberarla de sus cadenas, Spinoza afirmaba que “el verdadero fin del Estado es la libertad”.

No deja, pues, de ser irónico que los materialistas marxistas hayan querido reclutar para sus filas a un filósofo que jamás hubiera entrado en ellas, puesto que siempre consideró que la opresión, en cualquiera de sus incontables facetas, era la mayor de las desdichas, “ya que es totalmente contrario a la libertad de todos adueñarse del libre juicio de cada cual mediante prejuicios o coaccionarlo de cualquier forma”.

De ahí que dejara firmemente asentada, basándose en la necesidad y la razón, la verdad de que la democracia es el más perfecto entre todos los regímenes posibles, porque es el único que libera a los hombres del miedo y les permite vivir en concordia, con el máximo de libertad y seguridad:

De los fundamentos del Estado, anteriormente explicados, se sigue con toda evidencia, que su fin último no es dominar a los hombres ni sujetarlos por el miedo y someterlos a otro, sino por el contrario, librarlos a todos del miedo para que vivan, en cuanto sea posible, con seguridad; esto es, para que conserven al máximo este derecho suyo natural de existir y de obrar sin daño suyo ni ajeno. El fin del Estado, repito, no es convertir a los hombres de seres racionales en bestias o autómatas, sino lograr más bien que su mente y su cuerpo desempeñen sus funciones con seguridad, y que ellos se sirvan de su razón libre y que no se combatan con odios, iras o engaños, ni se ataquen con perversas intenciones. El verdadero fin del Estado es, pues, la libertad” (Tratado teológico-político, capítulo XX).

Así que, democracia ¿para qué? Para ser libres. Libertad ¿para qué? Para ser hombres.

[Publicado originalmente en Filosofía Digital, 15 de febrero de 2006]

“Digo el primordial santo y seña, hago el signo de la democracia. No aceptaré nada que no sea ofrecido a los demás en iguales condiciones.” WALT WHITMAN

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