LOS DESTRUCTORES DE HOMBRES, por Jean Ziegler
“Algunos economistas alemanes han forjado un concepto nuevo, el de capitalismo asesino. La maximización del beneficio, la acumulación acelerada de la plusvalía y la monopolización de la decisión económica son contrarias a las aspiraciones profundas y a los intereses singulares del mayor número. La racionalidad comercial causa estragos en las conciencias, aliena al hombre y desvía a la multitud de un destino libremente debatido, escogido democráticamente. La lógica de la mercancía ahoga la libertad irreductible, imprevisible, siempre enigmática del individuo. El ser humano queda reducido a su mera funcionalidad mercantil. Max Weber escribió que “la riqueza es una cadena de hombres que crean valor”. Nada semejante ocurre hoy en día. En nuestra época, la riqueza es el fruto de actuaciones imprevisibles de especuladores codiciosos y cínicos, obsesionados por la ganancia a cualquier precio y por maximizar los beneficios. Ningún estado, por poderoso que sea, ninguna ley ni ninguna asamblea de ciudadanos pueden ya aspirar a controlar estos movimientos. La burbuja especulativa cada vez se hincha más. La economía virtual gana la mano a la economía real.”
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Los demógrafos evalúan de este modo los estragos causados por la Segunda Guerra Mundial: de 16 a 18 millones de hombres y mujeres murieron en los combates, decenas de millones de combatientes resultaron heridos o quedaron mutilados.
¿Cuántos civiles perdieron la vida? Entre 50 y 55 millones. En cuanto a los heridos civiles, su número ascendió a varios centenares de millones. Y se perdieron entre 12 y 13 millones de nuevos nacimientos a causa de la guerra. Estas cifras no tienen en cuenta la realidad en China debido a la ausencia de estadísticas. ¿En qué se ha convertido hoy este mundo liberado del nazismo, esta tierra de justicia, de seguridad y de dignidad, como pretendían quienes vencieron en la guerra de 1939-1945?
ALGUNOS ECONOMISTAS ALEMANES HAN FORJADO UN CONCEPTO NUEVO, EL DE ”CAPITALISMO ASESINO”
Según las cifras publicadas por los organismos especializados de las Naciones Unidas, los decesos debidos al subdesarrollo económico y la miseria extrema en los 122 países del Tercer Mundo ascendían, en 2001, a poco más de 58 millones. En cuanto a la invalidez grave o permanente, consecuencia de la falta de ingresos, alimentos, agua potable, acceso a los medicamentos, afecta a más de mil millones de personas.
Dicho de otro modo, el hambre, la epidemia, la sed y los conflictos locales debidos a la miseria, aniquilan, cada año, a casi tantos hombres, niños y mujeres como destruyó la Segunda Guerra Mundial en seis años. En cuanto a los pueblos del Tercer Mundo, la Tercera Guerra Mundial hace tiempo que ya ha estallado.
Algunos economistas alemanes han forjado un concepto nuevo, el de “capitalismo de asesinos”. Veamos a continuación cómo funciona este capitalismo de nuevo tipo:
1. Los Estados del Tercer Mundo se baten entre sí por atraer las inversiones productivas que controlan las empresas de servicios extranjeras. Para ganar esta batalla, no dudan en reducir la protección social, las libertades sindicales, el poder de negociación de los asalariados autóctonos de por sí ya particularmente débil.
2. En Europa, en particular, las empresas industriales, de gestión, etc. proceden cada vez más a la deslocalización de sus plantillas y maquinaria, de sus laboratorios y de sus centros de investigación. Esta deslocalización se efectúa a menudo en beneficio de “zonas especiales de producción” donde los salarios son miserables y la protección de los trabajadores inexistente. Por un efecto de reciprocidad singularmente perverso, la simple amenaza de deslocalización lleva a que el Estado de origen ceda cada vez más a las exigencias del capital, consienta una reducción de la protección social (despidos, desregulaciones, etc.), en resumen, a hacer más precario, más “fluido”, el mercado local de trabajo.
3. Los trabajadores de todos los países entran de este modo en competición unos con otros. Se trata para cada uno de asegurar un empleo, unos ingresos para su familia. Esta situación causa la concurrencia desenfrenada entre las diferentes categorías de trabajadores, la desmovilización, la muerte del sindicalismo, en resumen, el consentimiento humillante, a menudo desesperado, del trabajador a la destrucción de su propia dignidad.
4. En el seno de las democracias europeas, se ha abierto la fractura entre los que tienen trabajo y los que intentan por todos los medios conservarlo batiéndose contra aquellos que no lo tienen y que, con toda probabilidad, no lo volverán a encontrar. Se ha roto la solidaridad entre los trabajadores. Otro fenómeno a destacar es que entre la función pública y el sector privado, se ha instalado una antinomia. Y un último fenómeno y el más grave: el trabajador autóctono, con frecuencia, acaba odiando al trabajador emigrado. La serpiente del racismo levanta ya su abominable cabeza.
LA RACIONALIDAD COMERCIAL ALIENA A LOS HOMBRES Y DESVÍA A LOS PUEBLOS DE UN DESTINO LIBREMENTE DEBATIDO Y DEMOCRÁTICAMENTE ELEGIDO
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) levanta por su parte el siguiente atestado: en los países del Tercer Mundo, 1,3 millones de seres humanos disponen de menos de un dólar diario para sobrevivir; 5oo millones de personas morirán antes de alcanzar los 40 años de edad. La distribución de la propiedad, sobre todo de la tierra cultivable, es escandalosa. En Brasil, por ejemplo, el 2 % de los propietarios controla el 43 % de las tierras cultivables; 153 millones de hectáreas se hallan en barbecho. Y, durante este tiempo, 4,5 millones de familias campesinas expoliadas y famélicas vagan por carreteras y caminos.
Marx utilizaba, al hablar en una carta del capital financiero y del capital industrial, una expresión curiosa: “potencias extranjeras”, con lo cual quería dar cuenta de que, como si fueran ejércitos de ocupación, extranjeros al país que sojuzgan, estas potencias desnaturalizan y, con frecuencia incluso, neutralizan la libre voluntad de los hombres agredidos.
La maximización del beneficio, la acumulación acelerada de la plusvalía y la monopolización de la decisión económica son contrarias a las aspiraciones profundas y a los intereses singulares del mayor número. La racionalidad comercial causa estragos en las conciencias, aliena al hombre y desvía a la multitud de un destino libremente debatido, escogido democráticamente. La lógica de la mercancía ahoga la libertad irreductible, imprevisible, siempre enigmática del individuo. El ser humano queda reducido a su mera funcionalidad mercantil. Las “potencias extranjeras” son los enemigos del país y del pueblo que ocupan.
Naomí Klein describe con agudeza las condiciones de trabajo de las jóvenes obreras filipinas reclutadas, en remotas zonas agrícolas, por los subencargados -coreanos y taiwaneses- de las multinacionales del textil, del equipamiento deportivo, de los componentes de ordenadores. Las obreras son encerradas en las naves prefabricadas de las “zonas especiales de producción” en las cercanías de Manila. Jornadas de 14 a 16 horas son moneda corriente. Los salarios son míseros. Las horas extras en contadas ocasiones se pagan. Los derechos de los trabajadores son ignorados con toda soberbia por los encargados y los guardias armados que se encargan de que reine el orden del empresario en la fábrica.
De China a Honduras, en México y en Guatemala, de Corea del Sur a Filipinas, a Sri Lanka y Santo Domingo, la esclavitud contemporánea azota hoy a cerca de 30 millones de seres humanos. La Organización Internacional del Trabajo evalúa en 850 el número de las “zonas especiales” distribuidas en 70 países.
Las fábricas donde estos esclavos fabrican los productos destinados a las sociedades transcontinentales de marca se conocen en inglés con el término “maquilladoras”. Se hallan situadas en las zonas francas donde el propietario de la fábrica no paga ni derechos de importación (para las materias primas) ni derechos de exportación (para los productos acabados que se expiden con destino a América del Norte y Europa), ni impuestos de ningún tipo.
En 2002, el 65 % de todos los juguetes infantiles (muñecas, trenes en miniatura, pelotas, robots, Monopoly, etc.) importados por los quince países de la Unión Europea provienen de estas zonas. Las dos sociedades transcontinentales más importantes que controlan el mercado son Mattel (Barbie) y Hasbro (Monopoly). Estas sociedades aplican estrategias diferentes: Mattel instala sus propias fábricas en las zonas, Hasbro confía la fabricación de sus productos a contratistas (chinos, coreanos, etc.) que operan en las mismas zonas.
NINGÚN ESTADO, NINGUNA LEY NI NINGUNA ASAMBLEA DE CIUDADANOS PUEDEN YA ASPIRAR A CONTROLAR LOS MOVIMIENTOS DEL CAPITAL
China, como todo el mundo sabe, vive bajo un régimen de partido único. El sistema de explotación que los “aparatos” comunistas han puesto en marcha con la complicidad de las sociedades transnacionales del juguete es de una ferocidad implacable: en las “zonas especiales de producción” chinas, los obreros y las obreras trabajan hasta 16 horas diarias, los siete días de la semana. El salario medio por hora representa el equivalente de 50 céntimos suizos. El pago de las horas extras y del trabajo nocturno, el salario mínimo, son desconocidos en las zonas especiales de producción chinas. De los permisos por maternidad, las obreras de estas zonas ni siquiera saben qué son.
Las pausas están cronometradas. En numerosos talleres, no pasan de cinco minutos.
El sistema funciona de maravilla. Cuando los juguetes llegan a los grandes almacenes de Berlín, París, Roma o Ginebra, los costos salariales representan apenas el 6 % del precio de venta al público. Los trust internacionales del juguete hacen negocios espléndidos y los “aparatos” comunistas se llenan jubilosos los bolsillos.
Los obreros y las obreras chinas, por su parte, lo más seguro es que acaben muriendo de forma prematura, por las emanaciones tóxicas que inundan los talleres insalubres -los juguetes tienen hermosos colores-, por desnutrición y numerosas enfermedades causadas por la miseria.
En lo que respecta al capital industrial, la mundialización se halla mucho menos avanzada de lo que a menudo pensamos. Las empresas de producción y de servicios auténticamente globalizados son aún, en comparación, poco numerosas. Una red esquelética de centros de producción “mundializados” cubre el planeta. Alrededor de las sociedades mineras o de las instalaciones de producción que emplean costosas tecnologías punteras se extienden desiertos donde los hombres viven en una economía de subsistencia o se pudren en la miseria.
El capital financiero, por su parte, se ha liberado de los gravámenes del tiempo y del espacio. Se mueve en un mundo y en un ciberespacio que, a efectos prácticos, están unificados. Por otro lado, se ha ido haciendo cada vez más autónomo: miles de millones de dólares “flotan” sin amarras, en plena libertad. El proceso no data de hoy, pero se acelera a un ritmo sorprendente. La revolución en la telefonía, en la transmisión de datos en tiempo real, en la digitalización de los textos, de los sonidos y las imágenes, la miniaturización extrema de los ordenadores y la generalización de la informática hacen a efectos prácticos imposible el seguimiento de los movimientos de los capitales (más de mil millones de dólares diarios). Ningún estado, por poderoso que sea, ninguna ley ni ninguna asamblea de ciudadanos pueden ya aspirar a controlar estos movimientos.
La vitalidad y la inventiva de los mercados financieros sin duda fuerzan la admiración. Nuevos productos, todos más sofisticados, más complejos, más innovadores los unos que los otros, se suceden a un ritmo pasmoso. Tomemos la galaxia de los productos financieros conocidos como “derivados”. Su monto asciende a más de 1700 millones de dólares. Todo es susceptible de ser objeto hoy de una especulación “derivada”: se concluye un contrato por la compra en una fecha y a un precio fijos de una carga de petróleo, de una remesa de divisas, de una cosecha de trigo, etc. Si, en esta fecha, la bolsa marca un precio inferior al precio con el que se cierra el negocio, se registran pérdidas. En el caso contrario, se gana.
LOS OPERADORES DE BOLSA CONSTITUYEN LA QUINTAESENCIA DEL CAPITALISMO FINANCIERO: LES MUEVE UNA PASIÓN DEMENTE POR EL PODER Y EL BENEFICIO
La locura radica en que cabe montar una operación de especulación sobre productos “derivados” invirtiendo sólo el 5 % con dinero del cliente. El resto es un crédito. Ahora bien, se puede especular sobre productos derivados de otros productos derivados, y así indefinidamente… Fragilidad extrema, así pues, de una interminable pirámide de créditos que crece sin cesar y se alza hacia el cielo.
Estos jóvenes genios (hombres y mujeres) que, mediante sus modelos matemáticos elaborados con ordenador, intentan anticipar los movimientos del mercado, dominar el azar y minimizar los riesgos, trabajan como si fueran pilotos de fórmula 1. Deben reaccionar en fracciones de segundo. Cualquier decisión errónea puede, sin embargo, llevar a una catástrofe. La tensión es enorme.
Los operadores de bolsa, precisamente, constituyen la quintaesencia del capitalismo financiero: les mueve una pasión demente por el poder y el beneficio, les devora una voluntad inagotable de aplastar al competidor. Las anfetaminas les mantienen despiertos. Convierten el aire que respiran en oro. En los grandes bancos multinacionales del mundo, estos jóvenes genios ganan entre dos y tres veces más que los PDG de su banco. Se embolsan astronómicas gratificaciones y participaciones sobre los beneficios que procuran a sus entidades. Son los Creso de nuestro tiempo. Su locura da dinero. Pero se producen catástrofes.
Una pesadilla atormenta a los responsables de los Bancos centrales de los diferentes países, a saber, que el sistema del capitalismo por sí mismo acabe un día siendo barrido por la reacción en cadena y los desplomes sucesivos de las pirámides de créditos, provocados por operadores de bolsa desafortunados o criminales…
Si algo gobierna el mundo, son las lóbregas angustias, las “intuiciones”, los deseos, las “certezas”, el gusto desenfrenado por el juego y el beneficio de los operadores de la Bolsa. En un intento por racionalizar todo eso, los banqueros ginebrinos contratan en particular a especialistas en física teórica, en general, formados en el CERN (Centro Europeo para la Investigación Nuclear, situado en Meyrin, Ginebra). Estos físicos elaboran modelos matemáticos complejos destinados a minimizar los riesgos vinculados a las decisiones de compra y venta que toman los operadores de la Bolsa. Pero es igual, los movimientos de la Bolsa se hallan vinculados directamente a las reacciones afectivas, a las “intuiciones”, a los rumores que rigen el imaginario de los actores…
En su obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo, el sociólogo alemán Max Weber escribió en 1919: “La riqueza es una cadena de hombres que crean valor”. Nada semejante ocurre hoy en día. En nuestra época, la riqueza es el fruto de actuaciones imprevisibles de especuladores codiciosos y cínicos, obsesionados por la ganancia a cualquier precio y por maximizar los beneficios.
La burbuja especulativa cada vez se hincha más. La economía virtual gana la mano a la economía real.
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JEAN ZIEGLER, Los nuevos amos del mundo. Ediciones Destino, 2005. Traducción de Eduardo Gonzalo. Datos biográficos.
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