EL BANDO SAGRADO, por Thomas Jefferson
“La masa del pueblo aprobará en teoría vuestro panfleto contra la esclavitud, y encontrará una respetable minoría dispuesta a adoptarlo prácticamente: una minoría que por peso y valía de carácter prevalece sobre una mayoría desprovista de coraje para despojar a sus familias de una propiedad que, sin embargo, mantiene intranquila su conciencia. Podéis hallar, aquí y allá, algún oponente a vuestra doctrina, pues, aquí y allá podréis hallar a un ladrón y a un asesino, pero en número pequeñísimo. Podemos volver los ojos para contemplar el interesante espectáculo de la justicia en conflicto con la avaricia y la opresión; en esta lucha el bando sagrado gana refuerzos cada día, porque van accediendo a la administración personas jóvenes, que se han nutrido en los principios de la libertad como si fuese su leche materna; y a ellos incumbe preocuparse afanosamente por modificar la suerte de esta cuestión”.
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Señor:
Vuestra grata carta del 2 de julio me llegó puntualmente. La preocupación que expresáis sobre el efecto de vuestro panfleto en América me induce a molestaros con algunas observaciones sobre dicho tema.
Por mi conocimiento del país me creo capaz de juzgar con cierta seguridad el modo en que habrá sido recibido. Encontrará pocos lectores al sur de Chesapeake que coincidan con él en sentimientos, por lo que respecta a la esclavitud.
Desde la desembocadura hasta la cabecera del Chesapeake la masa del pueblo lo aprobará en teoría, y encontrará una respetable minoría dispuesta a adoptarlo prácticamente: una minoría que por peso y valía de carácter prevalece sobre una mayoría desprovista de coraje para despojar a sus familias de una propiedad que, sin embargo, mantiene intranquila su conciencia.
Al norte del Chesapeake podéis hallar, aquí y allá, algún oponente a vuestra doctrina, pues, aquí y allá podréis hallar a un ladrón y a un asesino, pero en número pequeñísimo. Como en esa parte de América sólo hay unos pocos esclavos, la población puede desembarazarse fácilmente de ellos; la emancipación sigue allí un curso que permite prever que en pocos años no habrá esclavos al norte de Maryland.
No detecto en Maryland una disposición como la que existe en Virginia a remediar esta atrocidad. Y este es el siguiente Estado hacia el que podemos volver los ojos para contemplar el interesante espectáculo de la justicia en conflicto con la avaricia y la opresión; en esta lucha el bando sagrado gana refuerzos cada día, porque van accediendo a la administración personas jóvenes, que se han nutrido en los principios de la libertad como si fuese su leche materna; y a ellos incumbe preocuparse afanosamente por modificar la suerte de esta cuestión.
No os desaniméis, por tanto. Lo que habéis escrito hará mucho bien, y si pudierais seguir ocupándoos de nuestro bienestar nadie será más competente para proporcionar ayuda a quienes trabajan en este sentido.
El centro universitario William and Mary, en Williamsburg, es, desde su remodelación, el lugar donde se reúnen todos los hombres jóvenes de Virginia que se preparan para la vida pública. Allí se encuentran (en su mayoría) bajo la dirección de un tal Sr. Wythe, una de las más virtuosas personas, cuyos sentimientos sobre el tema de la esclavitud son inequívocos. Me gustaría que os decidieseis a dirigir una exhortación a esos jóvenes, con toda la elocuencia de la que sois maestro, pues su influjo sobre la decisión futura de esta importante cuestión podría ser grande, quizá decisiva.
Veis, pues, que, lejos de pensar que tenéis razones para arrepentiros de lo que hicisteis, deseo que hagáis más, y lo deseo por estar seguro de su efecto. La información que he recibido de América sobre la recepción de vuestro panfleto en los distintos Estados coincide con lo que esperaba.
Nuestro país está empezando a tener sentimientos muy negativos hacia el vuestro, o quizá sería mejor decir que los tomó de él. Dios sabe cómo acabará esto, pero sin duda en un extremo o en el otro. No puede haber término medio entre quienes se quisieron tanto. Creo que por ahora la decisión está en las manos del vuestro, aunque no será durante mucho tiempo.
Os ruego que contéis con la estima y el respeto sinceros por los cuales tengo el honor de ser, señor, vuestro más obediente y humilde servidor.
[Carta a Richard Price, filósofo moral y político inglés, que defendió la causa de la independencia americana en Inglaterra. París, 7 de agosto de 1785]
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THOMAS JEFFERSON, Autobiografía y otros escritos, Tecnos, 1987. Traducción de A. Escohotado y M. Sáenz de Heredia.
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