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"Para que una nación ame la libertad basta con que la conozca, y para que sea libre basta con que lo desee." Lafayette

JEFFERSON, UN HOMBRE LIBRE, por Antonio Escohotado

Filed under: PERFILES — 6 January, 2010 @ 16:35

“Durante el período de la Ilustración Americana ningún líder fue tan elocuente, tan sabio, tan consciente de las implicaciones y las consecuencias de la sociedad libre como él. A Jefferson debemos acudir para lograr un contacto directo con las personalidades dominantes y los sucesos de aquellos días, y ver la más acabada expresión de un gobierno mediante el consentimiento, mediante la razón, mediante la ley, y mediante enérgicos y progresivos cambios. De haber elegido el liderazgo político, es lógico pensar que podía haberlo alcanzado. Sin embargo, hizo una elección que muestra al instante la clase de hombre que fue y prefirió ser siempre. Regresó a la Cámara de los Diputados de Virginia e inmediatamente se puso a trabajar en una reforma de las leyes del Estado, cuidadosamente planeada, que en realidad se orientaba a poner en práctica los “derechos inalienables” del hombre, encarnados por la Declaración de Independencia. Además de dirigir esta revolución social en Virginia, Jefferson halló tiempo para disfrutar la compañía de su esposa y sus hijos, para cultivar sus tierras y dirigir sus asuntos personales, para cabalgar, leer y escribir vigorosas cartas a sus muchos amigos y conocidos”.

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Los escritos de Thomas Jefferson poseen hoy una significación mayor que nunca antes en la historia de América. Estas cartas y documentos son el archivo de los principios sociales que constituyen el corazón del “experimento” democrático americano. Quienes ansíen conocer el verdadero y sutil carácter del hombre, encontrarán en ellos otra y no despreciable recompensa.

William and Mary College, centro en el que Jefferson se graduó a los 19 años.

Durante el período de la Ilustración Americana ningún líder fue tan elocuente, tan sabio, tan consciente de las implicaciones y las consecuencias de la sociedad libre como él. A Jefferson debemos acudir para lograr un contacto directo con las personalidades dominantes y los sucesos de aquellos días, y ver la más acabada expresión de un gobierno mediante el consentimiento, mediante la razón, mediante la ley, y mediante enérgicos y progresivos cambios.

SU SENTIDO DEL HUMOR, CORDIALIDAD E INTELIGENCIA LE GRANJEARON MUCHOS AMIGOS ÍNTIMOS

Thomas Jefferson nació el 13 de abril (2 de abril según el calendario juliano) de 1743 en Shadwell, la más importante de las plantaciones de tabaco que su padre, Peter Jefferson, poseía en el interior de Virginia. A pesar de no ser persona instruida, Peter Jefferson era un hombre vigoroso e inteligente. Se convirtió en agrimensor de éxito, próspero propietario de tierras y miembro de la Cámara de Representantes de Virginia por el condado de Albemarle. Su esposa, Jane Randolph, pertenecía a una de las más distinguidas familias de Virginia.

Peter Jefferson dejó a su hijo de catorce años no sólo valiosas tierras y propiedades -base y medida de la riqueza en Virginia durante aquél tiempo- sino también  sensatos y afectuosos consejos. Como no había tenido una educación en regla, se aseguró de que su hijo recibiera una formación clásica completa. Años después, Thomas Jefferson se refirió a la influencia que tuvieron los moralistas, filósofos, poetas y dramaturgos clásicos sobre él. En 1800 pudo decir con franqueza: “Doy gracias de rodillas a quien dirigió mi primera educación, por haber puesto en mis manos esta rica fuente de deleites; y no la cambiaría por nada que pudiera haber adquirido entonces…”. Por muy científico y progresista que parezca volverse Jefferson, la sabiduría moral y política de Grecia y Roma continuarían proporcionado profundidad y sazón a su pensamiento.

Durante estos primeros años en Williamsburg, capital colonial de Virginia, Jefferson da abundantes pruebas de haber gozado al máximo con las fiestas, la música, el baile, los coqueteos, la improvisación de versos y el ponche, disfrutando con la buena compañía de la brillante juventud virginiana amiga suya […] El pelirrojo alto y delgaducho poseía un sentido del humor, una cordialidad y una inteligencia que le granjearon muchos amigos íntimos.

Jefferson había madurado ya intelectualmente por encima de los media de los estudiantes aventajados. Respetado por su desbordante curiosidad intelectual y por su carácter modesto pero simpático, Jefferson era el cuarto invitado a las cenas en el palacio del gobernador, donde el grupo se entregaba a animadas conversaciones sobre ideas, política, literatura y música. Jefferson era un buen conversador […] Sus cartas sugieren el tipo de conversación que le era propio: cortés, deferente, apacible, completamente honesta y sincera; penetrada por el aroma de la filosofía, pero completada por referencias específicas extraídas de su propia experiencia y sus amplias lecturas.

LA LEY AL SERVICIO DEL PUEBLO, NO SU DUEÑO

Tras graduarse en el William and Mary College, durante la primavera de 1762, Jefferson estudió leyes cinco años como alumno de George Wythe. Su actitud hacia el derecho es por sí misma un buen indicio de su sentido de los valores. Respetaba el conocimiento de la ley como condición previa para una comprensión del poder gubernamental. Pensaba que un buen gobierno dependía de la ley como factor de estabilidad para la voluntad nacional.

Consciente del bizantinismo terminológico de los abogados en tanto que grupo, y del peso abrumador del precedente en derecho, consideró la ley como un mero instrumento destinado al servicio y la protección del pueblo, en lugar de su dueño. Era, pues, previsible que se convirtiera en una abogado de éxito, pero era más previsible aún que abandonara el mero ejercicio como ocupación.

Jefferson cumplía treinta años cuando comenzó realmente su carrera política. En enero de 1772 se casa con la muy cortejada y juvenil viuda Martha Wayles Skelton. Con ella establece residencia en Monticello, todavía sin terminar, a corta distancia del antiguo hogar de Shadwell, que había sido destruido por el fuego en 1770. Para cuando contrajo matrimonio, poseía ya cierta experiencia política […] Había sido miembro de la Cámara de Representantes desde 1769, donde su primera actuación consistió en elaborar un proyecto de ley no aprobado que autorizaba a los propietarios a liberar a sus esclavos. Sin embargo, la inminente crisis en las relaciones anglo-coloniales eclipsó pronto las cuestiones rutinarias de legislación.

Jefferson empezó a redactar resoluciones más radicales y mejor escritas que las de otros condados y colonias. Enumeró algunos argumentos contra la tiranía británica en sus “Resoluciones para el condado de Abemarle”. Pronto siguió a ese texto el apasionado panfleto sobre el derecho natural y privilegios limitados que es la “Visión sucinta de los derechos de la América Británica”. Estas propuestas se leyeron en la convención de Virginia en Williamsburg, el mes de agosto de 1774, pero se consideraron demasiado revolucionarias y no fueron adoptadas. Sin embargo, se imprimieron, y se difundieron ampliamente.  Desde entonces, la redacción de los escritos importantes se encomendó a Jefferson casi automáticamente.

En junio de 1775, cuando llegó a Filadelfia como delegado de Virginia en el Segundo Congreso Continental, Jefferson ya poseía, como observó John Adams, “reputación de literato, científico y un maravilloso talento para la composición”. Cuando regresó al Congreso al año siguiente, fue designado por el comité de cinco hombres, entre los cuales estaban Benjamín Franklin y John Adams, que tenía a su cargo la más importante tarea asignada hasta entonces a nadie en la Historia de América: el borrador de una declaración formal de independencia de Gran Bretaña. La reponsabilidad de preparar el borrador recayó exclusivamente sobre Jefferson […].

 TRES AÑOS DE DURO TRABAJO Y POCA GLORIA EN FAVOR DE UNA REVOLUCIÓN SOCIAL EN VIRGINIA

Tras un acalorado debate, el documento fue finalmente aprobado por el Congreso el 4 de julio de 1776. Recortada y ocasionalmente alterada por Adams, Franklin o el propio Congreso, la Declaración es casi completamente obra de Jefferson y constituye indudablemente el triunfo y la culminación de los primeros tiempos de su carrera. Jefferson era consciente de la importancia de este documento y fue una de las tres cosas que deseó que se recordaran en su epitafio, junto con el “Proyecto de ley sobre libertad religiosa” y el apoyo prestado para la fundación de la Universidad de Virginia.

A los treinta y tres años ya tenía gran reputación como maestro en el arte de gobierno por comité. De haber elegido el liderazgo político, es lógico pensar que podía haberlo alcanzado. Sin embargo, hizo una elección que muestra al instante la clase de hombre que fue y prefirió ser siempre.  Su ausencia se notaba en el hogar, donde su esposa padecía un precario estado de salud. Sus propiedades necesitaban administración. Prefirió volver a Monticello con la Sra. Jefferson y otorgar más tiempo como funcionario público a Virginia.

A esta elección se sucedieron tres años de duro trabajo y poca gloria. En octubre de 1776 regresó a la Cámara de los Diputados de Virginia e inmediatamente se puso a trabajar en una reforma de las leyes del Estado, cuidadosamente planeada, que en realidad se orientaba a poner en práctica los “derechos inalienables” del hombre, encarnados por la Declaración de Independencia.

Además de dirigir esta revolución social en Virginia, Jefferson halló tiempo para disfrutar la compañía de su esposa y sus hijos, para cultivar sus tierras y dirigir sus asuntos personales, para cabalgar, leer y escribir vigorosas cartas a sus muchos amigos y conocidos. Sin embargo no pasó mucho tiempo sin que la vida pública le reclamara de nuevo.

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ANTONIO ESCOHOTADO, Introducción a “Autobiografía y otros escritos” (1ª parte, abreviada). Editorial Tecnos, 1987. [FD, 11/06/2008]

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