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"Para que una nación ame la libertad basta con que la conozca, y para que sea libre basta con que lo desee." Lafayette

EL PARTIDO DE LA LIBERTAD, por Friedrich A. Hayek

Filed under: TRIBUNA LIBRE — 18 June, 2010 @ 19:25

“El partidario de la libertad no puede menos de sentirse radicalmente opuesto al conservadurismo, viéndose obligado a adoptar una actitud de franca rebeldía ante los prejuicios populares, los intereses creados y los privilegios legalmente reconocidos. Los errores y los abusos no resultan menos dañinos por el hecho de ser antiguos y tradicionales”.

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En las luchas del siglo XIX para conseguir gobiernos constitucionales, el movimiento liberal y el democrático fueron a menudo indistinguibles. Pero, con el transcurso del tiempo, se hicieron cada vez más evidentes las consecuencias del hecho de que ambas doctrinas estaban ligadas -en última instancia- a problemáticas muy distintas. El liberalismo se interesa por las funciones del gobierno y, en particular, por la limitación de sus poderes. Para la democracia, en cambio, el problema central es el de quién debe dirigir el gobierno.

RELACIÓN Y CONFLICTO ENTRE LIBERALISMO Y DEMOCRACIA

El liberalismo reclama que todo poder -y por lo tanto también el de la mayoría- esté sometido a ciertos límites. La democracia llega, en cambio, a considerar la opinión de la mayoría como el único límite a los poderes del gobierno. La diversidad entre ambos principios se patentiza si se piensa en los respectivos opuestos: para la democracia, el gobierno autoritario; para el liberalismo, el totalitarismo. Ninguno de los dos sistemas excluye necesariamente el opuesto del otro: una democracia puede muy bien ejercer un poder totalitario, y en el límite es concebible que un gobierno autoritario actúe según principios liberales.

El liberalismo es, pues, incompatible con una democracia ilimitada, igual que es incompatible con cualquier otra forma de gobierno de carácter absoluto. Por tanto, es cierto que si la aplicación coherente de los principios liberales conduce a la democracia, es cierto también que la democracia se mantendrá como liberal únicamente si la mayoría se abstiene de emplear su propio poder para atribuir a quienes la apoyan ventajas particulares que no pueden traducirse en normas generales y por lo tanto válidas para todos los ciudadanos.

No es, pues, improbable que el abandono del liberalismo por parte de la democracia conduzca, a la larga, a la desaparición de la democracia misma. En particular, caben pocas dudas de que el tipo de economía dirigida desde el centro, hacia la que parece orientarse la democracia, exige, para ser gestionado con eficacia, un gobierno dotado de poderes autoritarios.

La limitación -requerida por los principios liberales- de los poderes del gobierno a la imposición de normas generales de mera conducta, sólo se refiere a los poderes coactivos. Es claro que el gobierno, con los medios financieros de que dispone, puede prestar un gran número de servicios que no implican coacción alguna (a excepción de la necesaria para recaudar estos medios a través de los impuestos). Prescindiendo de algunas posturas extremas del movimiento liberal, nadie ha negado jamás la conveniencia de que el gobierno asuma tales funciones.

No hay duda de que son muchos los “servicios públicos” que, aun siendo altamente deseables, no pueden ser prestados por el mecanismo del mercado, ya que, en caso de ofrecerse, tienen que redundar en beneficio de todos y no sólo de quienes están dispuestos a pagarlos. Desde las funciones elementales de protección contra la criminalidad o de profilaxis de las enfermedades infecciosas (y en general de los servicios sanitarios) hasta la vasta gama de los problemas planteados especialmente por las grandes aglomeraciones urbanas, los servicios en cuestión sólo pueden prestarse si los medios para costearlos se obtienen mediante impuestos.

El liberal seguirá, según la propia tradición, prefiriendo que tales servicios sean gestionados, en la medida de lo posible, por autoridades locales en lugar de por las centrales y, correlativamente, que los fondos pertinentes se recauden mediante impuestos locales.

¿POR QUÉ NO SOY CONSERVADOR?

En un solo aspecto puede decirse con justicia que el liberal se sitúa en una posición intermedia entre socialistas y conservadores. En efecto, rechaza tanto el torpe racionalismo del socialista, que quisiera rehacer todas las instituciones sociales a tenor de ciertas normas dictadas por sus personales juicios, como del misticismo en que con tanta facilidad cae el conservador.

El liberal se aproxima al conservador en cuanto desconfía de la razón, pues reconoce que existen incógnitas aún sin desentrañar; incluso duda a veces que sea rigurosamente cierto y exacto todo aquello que se suele estimar definitivamente resuelto, y, desde luego, le consta que jamás el hombre llegará a la omnisciencia.

El liberal, por otra parte, no deja de recurrir a instituciones o usos útiles y convenientes aunque no hayan sido objeto de organización consciente. Difiere del conservador precisamente en este su modo franco y objetivo de enfrentarse con la humana ignorancia y reconoce lo poco que sabemos, rechazando todo argumento de autoridad y toda explicación de índole sobrenatural, cuando la razón se muestra incapaz de resolver determinada cuestión.

A veces puede parecernos demasiado escéptico -“El espíritu de la libertad es aquel que duda que se halle en posesión de la verdad”-, pero la verdad es que se requiere un cierto grado de escepticismo para mantener incólume ese espíritu tolerante típicamente liberal que permite a cada uno buscar su propia felicidad por los cauces que estima más fecundos.

De cuanto antecede, en modo alguno se sigue que el liberal haya de ser ateo. Antes al contrario, y a diferencia del racionalismo de la Revolución francesa, el verdadero liberalismo no tiene pleito con la religión, siendo muy de lamentar la postura furibundamente antirreligiosa adoptada en la Europa decimonónica por quienes se denominaban liberales.

Que tal actitud es esencialmente antiliberal lo demuestra el que los fundadores de la doctrina, los viejos whigs ingleses, fueron en su mayoría gente muy devota. Lo que en esta materia distingue al liberal del conservador es que, por profundas que puedan ser sus creencias, aquél jamás pretende imponerlas coactivamente a los demás. Lo espiritual y lo temporal son para él esferas claramente separadas que nunca deben confundirse.

Lo dicho hasta aquí basta para evidenciar por qué no me considero conservador.

¿QUÉ NOMBRE DARÍAMOS AL PARTIDO DE LA LIBERTAD?

Muchos, sin embargo, estimarán dificultoso el calificar de liberal mi postura, dado el significado que se atribuye hoy generalmente al término /…/ Si por liberalismo entendemos lo que entendía aquel historiador inglés que en 1.827 definía la revolución de 1.688 como “el triunfo de esos principios hoy en día denominados liberales o constitucionales”; si se atreviera uno, con Lord Acton, a saludar a Burke, Macaulay o Gladstone como los tres grandes apóstoles del liberalismo, o, con Harold Laski, a decir que Tocqueville y Lord Acton fueron “los auténticos liberales del siglo XIX”, sería para mí motivo del máximo orgullo el adjudicarme tan esclarecido apelativo. Me siento inclinado a llamar verdadero liberalismo a las doctrinas que los citados autores defendieron.

Friedrich A. Hayek, 1899-1992

La verdad, sin embargo, es que quienes, en el continente europeo, se denominaron liberales propugnaron en su mayoría teorías a las que estos autores habrían mostrado su más airada oposición, impulsados más por imponer al mundo un cierto patrón político preconcebido que por el de permitir el libre desenvolvimiento de los individuos.

En consecuencia, debemos reconocer que actualmente ninguno de los movimientos y partidos políticos calificados de liberales puede considerarse liberal en el sentido en que yo he venido empleando el vocablo. Por resultar imposible, de hecho, en los Estados Unidos, servirse del vocablo en el sentido que yo lo empleo, últimamente se está recurriendo al uso del término “libertario”. Tal vez sea ésa una solución; a mí, de todas suertes, me resulta palabra muy poco atractiva. Me parece demasiado artificiosa y rebuscada.

En muchas partes de Europa, los conservadores han aceptado ya gran parte del credo colectivista. En efecto, las ideas socialistas han dominado la escena política europea durante tanto tiempo, que muchas instituciones de indudable signo colectivista son ya por todos aceptadas, siendo incluso motivo de orgullo para aquellos partidos “conservadores” que las implantaron.

En estas circunstancias el partidario de la libertad no puede menos de sentirse radicalmente opuesto al conservadurismo, viéndose obligado a adoptar una actitud de franca rebeldía ante los prejuicios populares, los intereses creados y los privilegios legalmente reconocidos. Los errores y los abusos no resultan menos dañinos por el hecho de ser antiguos y tradicionales.

ES PRECISO BUSCAR EL APOYO DE LAS MENTES PROGRESISTAS

En política conviene proceder con cautela, no debiendo el estadista actuar en tanto la opinión pública no esté debidamente preparada y dispuesta a seguirle; ahora bien, lo que aquél jamás hará es aceptar determinada situación simplemente porque la opinión pública la respalde.

En este nuestro mundo actual, donde de nuevo, como en los albores del siglo XIX, la gran tarea estriba en suprimir todos esos obstáculos e impedimentos, arbitrados por la insensatez humana, que coartan y frenan el espontáneo desarrollo, es preciso buscar el apoyo de las mentes “progresistas”; es decir, de aquellos que, aun cuando posiblemente estén hoy moviéndose en una dirección equivocada, desean no obstante enjuiciar de modo objetivo lo existente, en orden a modificar todo lo que sea necesario.

Creo que a nadie habré confundido por utilizar en varias ocasiones el término “partido” cuando me refería a la agrupación de quienes defienden cierto conjunto de normas morales y científicas. No he querido, desde luego, asociarme con ninguno de los partidos políticos existentes. Dejo en manos de ese “hábil y sinuoso animal, vulgarmente denominado estadista o político, que sabe siempre acomodar sus actos a la situación del momento” (A. Smith, Riqueza de las naciones) el problema de cómo incorporar a un programa que resulte atractivo a las masas el ideario que en el presente libro he querido exponer hilvanando retazos de una tradición ya casi perdida.

Dudo mucho, por ello, que ningún auténtico investigador político pueda jamás ser conservador. La filosofía conservadora puede ser útil en la práctica, pero no nos brinda ninguna norma que nos indique hacia dónde, a la larga, debemos orientar nuestras acciones.

* * *

FRIEDRICH A. HAYEK, Principios de un orden social liberal. Unión Editorial, 2001. [FD, 04/02/2007]

9 comentarios »

  1. Martin:

    A Hayek lo recuerdo visitando mi país -Argentina- en 1977, felicitando a los dictadores, diciendo que Martínez de Hoz era el mejor ministro de economía del mundo y que había conversado con los militares y que éstos eran auténticos liberales. Tantas flores para militares que diariamente hacían desaparecer personas, que torturaban sin descanso, tenían miles de presos políticos “legales”, no había libertad de prensa, libertad política ni libertad sindical y además se endeudaba brutalmente al país y se hacía una redistribución de la riqueza en perjuicio de la mayoría de los de abajo. Eso con el apoyo de la clase alta y de nuestros liberales vernáculos. ¿Ese era el concepto de libertad de Hayek?

    Gracias por publicar esto.

  2. Jesus Nava:

    Estimado Martín:

    Si lo que dices de Hayek es cierto, no haría sino confirmar mis recelos hacia todos los ideólogos y filósofos que se han dedicado a teorizar o a hacer política. Aunque hay notables excepciones como Spinoza, Montesquieu o Tocqueville, la mayoría han sido nefastos para la libertad y la democracia.

    Limitándome a textos como el de Hayek, simpatizo con ese liberalismo político que no puede ser conservador y que busca el apoyo de las mentes “progresistas”. Pero si todo son meras palabras al servicio únicamente de la libertad de comercio, como ocurre la mayoría de las veces, abjuro de ellas. La libertad y la esclavitud no se avienen a convivir más que en el discurso demagógico de los tiranos.

    Estoy intentando reunir, desde hace unos meses, a todos los patriotas españoles que pueda, por la libertad política y la democracia. ¡Qué tarea tan ingrata! Es posible que los seres humanos sean incorregibles, y que el egoísmo individualista o el partidismo fanático puedan más que la sensatez de trabajar por el bien común y la prosperidad general.

    Pero, aún así, no he querido irme de este mundo y dormir el sueño eterno sin haber intentado hacer más felices a mis hermanos, consiguiendo un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Aunque el pueblo sea, en su estado actual de ignorancia y sumisión, el principal responsable del despotismo político que padece. Porque lo hace con gusto.

    Un cordial saludo.

  3. Jesus Nava:

    Estimado Jesús:

    Me alegra conocer a un liberal honesto; cualquiera de los autotitulados liberales de mi país no habrían publicado mi comentario. Lo que dije es cierto; en la revista Gente, de editorial Atlántida -portavoz del ejército en esos años-, le hicieron una entrevista donde dice esas preciosidades. Creo que vino dos veces, en 1977 y 1978, invitado por los sectores más liberales que en realidad pretendían que critique al ministro de economía desde una óptica más ortodoxa y Hayek se fue fascinado con Martínez de Hoz. Pero además se reunió con militares en la Escuela de Guerra y de allí sacó la opinión acerca de que éstos eran buenos liberales.

    No hay duda que no podía ignorar lo que pasaba en el país respecto de las desapariciones, los presos políticos y la falta de todo tipo de libertades. Recordemos que en esa época no se podía leer a Neruda, Cortazar y a tantos otros y se quemaban libros, entre otros uno sobre el cubismo porque creyeron que era sobre Cuba. Entiendo que no siempre es fácil ser consecuente y todos cargamos con incoherencias en nuestra vida, pero llamar liberal a un régimen porque libera las actividades financieras pero secuestra y asesina a miles es demasiado.

    Te felicito por esta página. Saludos.

  4. Jesus Nava:

    No, Martín, te equivocas, yo no soy liberal en el sentido ideológico del término, a lo sumo en su sentido filosófico. De espíritu o mentalidad liberal y partidario de la libertad, eso sí. El liberalismo ya no es lo que fue. La mayoría de los liberales que conozco, a pesar de la advertencia de Lord Acton, se han aliado con los conservadores para oponerse a las izquierdas progresistas y democráticas. No piensan más que en la libertad económica. La democracia social les importa un bledo, y a mí lo único que me importa es el gobierno del pueblo en una constitución libre y con equilibrio de poderes independientes entre sí, para que la ambición vigile a la ambición y se pueda frenar incluso el despotismo democrático.

    Pero eso no importa ahora. ¿Podrías enviarme por e-mail esa entrevista a Hayek en la revista Gente? La publicaría con mucho gusto. Si hay algo que me revienta es la hipocresía. Y siempre que puedo la pongo en evidencia. La política es una selva plagada de trampas, pero debemos tratar de desenmascarar a todos los tramperos, especialmente a los furtivos.

    Por cierto, muy buena la anécdota de la quema de un libro sobre “cubismo” porque creyeron que trataba sobre Cuba. En los militares, salvo que sea un ejército del pueblo, la ideología es un mero adorno, como uno de los galones que llevan en su uniforme. Lo esencial es que son generalmente vulgares patanes armados, y por ello doblemente peligrosos.

    Un abrazo, amigo.

  5. Martin:

    Estimado Jesús:

    La revista no la tengo, aunque se puede buscar en los archivos porque hoy día sigue saliendo. El dato lo saco de unos escritos míos de hace muchos años -no publicados- y de allí me surge lo siguiente: que Hayek vino en 1977 pero el reportaje de Gente es de 1981; cuando le preguntaron qué opinaba acerca de los militares argentinos de esa época,contestó que “eran personas muy inteligentes. Políticamente brillantes. Diría entre los más brillantes en política en su país…” (sic).

    Después agregó que “como institución a largo plazo estoy totalmente en contra de las dictaduras. Pero bien, puede ser un sistema necesario en un período de transición…Como usted comprenderá es posible que un dictador gobierne de manera liberal. Y también es posible que una democracia gobierne con una total falta de liberalismo. Y yo, personalmente prefiero un dictador liberal y no a un gobernante democrático carente de liberalismo.” (sic)

    Eso lo declaró no en el contexto de un gobierno autoritario que restringía algunas libertades y tenía algunos presos políticos -algo de lo cual los argentinos teníamos una vasta experiencia antes de 1976-, sino respecto de una dictadura atroz que se llevó miles de vidas y aplicó con una crueldad inédita todo el poder de la maquinaria militar; porque esos militares la ideología la podrían tener de adorno, pero las armas no.

    No recuerdo sí Hayek fue al Chile de Pinochet e hizo comentarios similares -aunque sus dichos en 1981 eran aplicables a Chile y otros países de América Latina-, pero su colega y también Premio Nobel de Economía Milton Friedman fue un sostén intelectual de esa dictadura. Te recuerdo la definición que Paul Samuelson dio de las dictaduras latinoamericanas de esos años: Fascismo de mercado.

    Te mando saludos y si pudiese conseguir copia de la revista en cuestión, con gusto te la mandaré.

  6. Jesus Nava:

    No pasa nada, Martín, ¡qué le vamos a hacer! En cualquier caso, queda constancia aquí de tu testimonio sobre la conducta de estos falsos liberales -pero verdaderos renegados de la libertad democrática- en relación con las dictaduras.

    Y si puedes enviarme, a cambio de la revista en cuestión, algún artículo tuyo, podría publicarlo en la sección PENSAR SIN RED, donde he empezado a poner artículos valientes escritos por bloggeros o escritores en otros medios.

    Saludos, amigo.

  7. vicentemuguruza:

    Me suena bien esto http://www.p-lib.es , ustedes que opinan?

  8. Filosofía Digital » NO SOY “LIBERAL”, SINO PARTIDARIO DE LA LIBERTAD, por Jesús Nava:

    [...] a textos como el de Hayek, simpatizo con ese liberalismo político que no puede ser conservador y que busca el apoyo de las [...]

  9. Cómo Manifestar En Tu Vida Todo Aquello Que Deseas. | Tan Extender:

    [...] Mundo Libre Digital » EL PARTIDO DE LA LIBERTAD, por Friedrich A … [Translate] [...]

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