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	<title>Comments on: REPUBLICANISMO DEMOCRÁTICO O UNIVERSALIZAR LA LIBERTAD, por Andrés de Francisco y Daniel Raventós</title>
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	<description>&#34;Para que una nación ame la libertad basta con que la conozca, y para que sea libre basta con que lo desee.&#34; Lafayette</description>
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		<title>By: Mundo Libre Digital &#187; ¿LIBERTAD DEMOCRÁTICA O DICTADURA DEL PROLETARIADO?, por Jesús Nava</title>
		<link>http://www.mundolibredigital.com/?p=178&#038;cpage=1#comment-12849</link>
		<dc:creator>Mundo Libre Digital &#187; ¿LIBERTAD DEMOCRÁTICA O DICTADURA DEL PROLETARIADO?, por Jesús Nava</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 24 Jul 2010 14:01:03 +0000</pubDate>
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		<description>[...] puedo compartir, por ejemplo, como dicen De Francisco y Raventós en éste, que si los pobres fueran minoría, aún así, democracia sería el gobierno de esa minoría. [...]</description>
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		<title>By: Mundo Libre Digital &#187; LIBERTAD DEMOCRÁTICA O DICTADURA DEL PROLETARIADO, por Jesús Nava</title>
		<link>http://www.mundolibredigital.com/?p=178&#038;cpage=1#comment-1961</link>
		<dc:creator>Mundo Libre Digital &#187; LIBERTAD DEMOCRÁTICA O DICTADURA DEL PROLETARIADO, por Jesús Nava</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 01 Jul 2008 19:03:09 +0000</pubDate>
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		<title>By: Jesus Nava</title>
		<link>http://www.mundolibredigital.com/?p=178&#038;cpage=1#comment-1785</link>
		<dc:creator>Jesus Nava</dc:creator>
		<pubDate>Sun, 01 Jun 2008 10:37:32 +0000</pubDate>
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		<description>Ya he advertido, más de una vez, de que el hecho de publicar un artículo en Filosofía Digital, no implica que esté de acuerdo con todo lo que dicen sus autores. En ocasiones, es sólo una idea o una frase lo que me interesa, pero, por supuesto, respeto el pensamiento íntegro del escritor, aunque discrepe. Mi verdadero pensamiento lo expreso a través de mis propios artículos, no de los ajenos.

No puedo compartir, por ejemplo, como dicen De Francisco y Raventós en éste, que si los pobres fueran minoría, aún así, democracia sería el gobierno de esa minoría. Democracia es, al menos tal como lo entiendo yo, el autogobierno del pueblo, que suele ser la mayoría natural en cualquier lugar del mundo, y además pobre; pero allí donde todos los ciudadanos gozan de igualdad real y efectiva de derechos, incluyendo el derecho de propiedad y a ganarse la vida trabajando honradamente, democracia sigue siendo el gobierno de la mayoría, no de una minoría por paupérrima que sea. 

Una revolución democrática persigue el cambio de sistema, no la destrucción del orden. Y tiene como misión primordial, como dijo Jefferson, “inculcar a las minorías el deber de aquiescencia a la voluntad de la mayoría; y a las mayorías el respeto a los derechos de la minoría”. Que los reaccionarios y los revolucionarios españoles hicieran caso omiso de esta regla del republicanismo le costó al pueblo español una sangrienta y absurda guerra civil, así como la extinción hasta hoy de todo vestigio de democracia constitucional y representativa. No es el odio de clases, sino el amor a la libertad, la igualdad y la concordia lo que otorga grandeza a un pueblo y legitimidad moral a su lucha por la independencia de cualquier tipo de opresión. Toda revolución que no erradique las causas de la tiranía sólo conseguirá cambiar a un tirano por otro.

Por eso, una Constitución democrática tiene que establecer mucho más que la separación de poderes y el sufragio universal, ya que tan importante como prevenir el despotismo legislativo, ejecutivo, judicial o de partido, lo es, en un republicanismo justo y bien entendido, el evitar la explotación y opresión del hombre por el hombre, sea económica, social o moral. Comparto totalmente el pensamiento de Robespierre cuando afirmó que “la primera ley social es, pues, la que garantiza a todos los miembros de la sociedad los medios de existir”.

Pero es ley sagrada del republicanismo democrático que una mayoría de un solo voto es tan válida como la de una mayoría aplastante. Y también que esa mayoría tiene que ser justa y razonable para ser legítima, y debe respetar escrupulosamente los derechos individuales del hombre y los colectivos del ciudadano. Así que, dictaduras ni mentarlas; porque, aunque fuere la de los trabajadores asalariados, ninguna tiranía de una parte de la sociedad sobre el resto es democrática. ¿O acaso el demos/pueblo lo constituye únicamente el proletariado o una mayoría ocasional de votantes? 

De cualquier modo, una dictadura, incluso del proletariado, además de un intento baldío de resolver la lucha de clases o de facciones mediante el dominio de una de ellas y la aniquilación del resto, es incompatible con la libertad colectiva. Un pueblo libre sólo obedece al derecho natural y a las leyes racionales de las que él mismo es legislador. Y será esclavo tanto si se somete voluntariamente como si es sometido por la fuerza, al gobierno de uno, de varios o de muchos.

No creo, por otra parte, que la dictadura comunista en la URSS fuera resultado de la “traición” a la idea de Marx, sino de su “desarrollo” consecuente. De ahí mi sospecha de que el cinismo de Lenin, al replicar con su “libertad, ¿para qué?” a las objeciones de ciertos socialistas españoles al régimen soviético, sea plenamente coherente con el marxismo.

El resultado de una dictadura jamás será la libertad democrática; pues la democracia, si se reduce al gobierno de una clase, aunque constituya la mayoría de la población, no es libre por su propia naturaleza: una cosa es que el pueblo tenga el poder y otra, muy distinta, que sea libre. La libertad, tanto individual como colectiva, no consiste en seguir el dictado de las propias pasiones, sino en someterse al gobierno de la razón natural. 

Y como es ridículo soñar con la racionalidad de las masas o la incorruptibilidad de sus representantes en el gobierno, por eso es necesario conjugar sabiamente la voluntad de la mayoría con el respeto a la minoría, y una constitución libre con una declaración de derechos individuales y colectivos. Sólo así otorgaremos al Estado su virtud fundamental: la seguridad, y podremos alcanzar su fin último: la igual libertad. 

En esa sabia combinación de leyes, que constituyen el alma de una nación, se basa el arte de ser libres, la salud del cuerpo social y, por supuesto, la felicidad general.

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		<content:encoded><![CDATA[<p>Ya he advertido, más de una vez, de que el hecho de publicar un artículo en Filosofía Digital, no implica que esté de acuerdo con todo lo que dicen sus autores. En ocasiones, es sólo una idea o una frase lo que me interesa, pero, por supuesto, respeto el pensamiento íntegro del escritor, aunque discrepe. Mi verdadero pensamiento lo expreso a través de mis propios artículos, no de los ajenos.</p>
<p>No puedo compartir, por ejemplo, como dicen De Francisco y Raventós en éste, que si los pobres fueran minoría, aún así, democracia sería el gobierno de esa minoría. Democracia es, al menos tal como lo entiendo yo, el autogobierno del pueblo, que suele ser la mayoría natural en cualquier lugar del mundo, y además pobre; pero allí donde todos los ciudadanos gozan de igualdad real y efectiva de derechos, incluyendo el derecho de propiedad y a ganarse la vida trabajando honradamente, democracia sigue siendo el gobierno de la mayoría, no de una minoría por paupérrima que sea. </p>
<p>Una revolución democrática persigue el cambio de sistema, no la destrucción del orden. Y tiene como misión primordial, como dijo Jefferson, “inculcar a las minorías el deber de aquiescencia a la voluntad de la mayoría; y a las mayorías el respeto a los derechos de la minoría”. Que los reaccionarios y los revolucionarios españoles hicieran caso omiso de esta regla del republicanismo le costó al pueblo español una sangrienta y absurda guerra civil, así como la extinción hasta hoy de todo vestigio de democracia constitucional y representativa. No es el odio de clases, sino el amor a la libertad, la igualdad y la concordia lo que otorga grandeza a un pueblo y legitimidad moral a su lucha por la independencia de cualquier tipo de opresión. Toda revolución que no erradique las causas de la tiranía sólo conseguirá cambiar a un tirano por otro.</p>
<p>Por eso, una Constitución democrática tiene que establecer mucho más que la separación de poderes y el sufragio universal, ya que tan importante como prevenir el despotismo legislativo, ejecutivo, judicial o de partido, lo es, en un republicanismo justo y bien entendido, el evitar la explotación y opresión del hombre por el hombre, sea económica, social o moral. Comparto totalmente el pensamiento de Robespierre cuando afirmó que “la primera ley social es, pues, la que garantiza a todos los miembros de la sociedad los medios de existir”.</p>
<p>Pero es ley sagrada del republicanismo democrático que una mayoría de un solo voto es tan válida como la de una mayoría aplastante. Y también que esa mayoría tiene que ser justa y razonable para ser legítima, y debe respetar escrupulosamente los derechos individuales del hombre y los colectivos del ciudadano. Así que, dictaduras ni mentarlas; porque, aunque fuere la de los trabajadores asalariados, ninguna tiranía de una parte de la sociedad sobre el resto es democrática. ¿O acaso el demos/pueblo lo constituye únicamente el proletariado o una mayoría ocasional de votantes? </p>
<p>De cualquier modo, una dictadura, incluso del proletariado, además de un intento baldío de resolver la lucha de clases o de facciones mediante el dominio de una de ellas y la aniquilación del resto, es incompatible con la libertad colectiva. Un pueblo libre sólo obedece al derecho natural y a las leyes racionales de las que él mismo es legislador. Y será esclavo tanto si se somete voluntariamente como si es sometido por la fuerza, al gobierno de uno, de varios o de muchos.</p>
<p>No creo, por otra parte, que la dictadura comunista en la URSS fuera resultado de la “traición” a la idea de Marx, sino de su “desarrollo” consecuente. De ahí mi sospecha de que el cinismo de Lenin, al replicar con su “libertad, ¿para qué?” a las objeciones de ciertos socialistas españoles al régimen soviético, sea plenamente coherente con el marxismo.</p>
<p>El resultado de una dictadura jamás será la libertad democrática; pues la democracia, si se reduce al gobierno de una clase, aunque constituya la mayoría de la población, no es libre por su propia naturaleza: una cosa es que el pueblo tenga el poder y otra, muy distinta, que sea libre. La libertad, tanto individual como colectiva, no consiste en seguir el dictado de las propias pasiones, sino en someterse al gobierno de la razón natural. </p>
<p>Y como es ridículo soñar con la racionalidad de las masas o la incorruptibilidad de sus representantes en el gobierno, por eso es necesario conjugar sabiamente la voluntad de la mayoría con el respeto a la minoría, y una constitución libre con una declaración de derechos individuales y colectivos. Sólo así otorgaremos al Estado su virtud fundamental: la seguridad, y podremos alcanzar su fin último: la igual libertad. </p>
<p>En esa sabia combinación de leyes, que constituyen el alma de una nación, se basa el arte de ser libres, la salud del cuerpo social y, por supuesto, la felicidad general.</p>
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