Mundo Libre Digital

"Para que una nación ame la libertad basta con que la conozca, y para que sea libre basta con que lo desee." Lafayette

EL GENIO RELIGIOSO Y EL GENIO DE LA LIBERTAD, por Alexis de Tocqueville

Categoría: ABECÉ DE LA DEMOCRACIA — February 5, 2010 @ 9:16 am

“El carácter de la civilización angloamericana es producto de dos elementos enteramente distintos, que aunque en otros lugares se hicieron a menudo la guerra, vinieron, en América, a incorporarse en cierto modo el uno al otro y a combinarse maravillosamente. Me refiero al genio religioso y al genio de la libertad. La religión ve en la libertad civil un noble ejercicio de las facultades del hombre; en el mundo político, un campo cedido por el Creador a los esfuerzos de la inteligencia. Libre y poderosa en su esfera, satisfecha del lugar a ella reservado, sabe que su imperio es tanto más sólido cuanto que sólo por sus propias fuerzas reina, y sin apoyo alguno domina sobre los corazones. La libertad ve en la religión la compañera de luchas y triunfos, la cuna de su infancia, la fuente divina de sus derechos. La considera como la salvaguardia de las costumbres, y a las costumbres como garantía de las leyes y prenda de su propia supervivencia.”

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Los principios generales sobre los que se basan las modernas Constituciones, esos principios que la mayoría de los europeos del siglo XVII apenas comprendían y que triunfaban entonces de modo incompleto en la Gran Bretaña, se hallan reconocidos y fijados en las leyes de Nueva Inglaterra: la intervención del pueblo en los asuntos públicos, el voto libre de impuestos, la responsabilidad de los agentes del poder, la libertad individual y el juicio por jurado allí han sido establecidos sin discusión y de hecho.

EN EL SENO DEL MUNICIPIO IMPERA UNA VIDA POLÍTICA REAL, ACTIVA, ÍNTEGRAMENTE DEMOCRÁTICA Y REPUBLICANA

Esos principios generadores alcanzan en dichas leyes una aplicación y un desarrollo que ninguna nación de Europa ha osado todavía darles.

Escena de la firma de la Constitución de los Estados Unidos.

En Connecticut, el cuerpo electoral se componía, desde su origen, de todos los ciudadanos, cosa que se concibe fácilmente. En este pueblo naciente reinaba entonces una igualdad casi perfecta de riquezas y más todavía de inteligencias.

En dicha época, en el Estado de Connecticut todos los agentes del poder ejecutivo eran designados por elección, incluso el gobernador del Estado.

Los ciudadanos mayores de dieciséis años estaban obligados a prestar servicio de armas; formaban una milicia nacional que nombraba a sus oficiales, y debía hallarse presta en todo momento a la defensa del país.

En las leyes de Connecticut, así como en todas las de Nueva Inglaterra, es donde se ve nacer y desarrollarse esa independencia municipal que sigue siendo hoy principio y vida de la libertad americana.

En la mayor parte de las naciones europeas, la existencia política se inició en las capas altas de la sociedad, comunicándose poco a poco, y siempre de manera incompleta, a las diversas partes del cuerpo social.

En América, por el contrario, puede decirse que el municipio fue organizado antes que el condado, el condado antes que el Estado y el Estado antes que la Unión.

En Nueva Inglaterra, desde 1650 el municipio está completa y definitivamente constituido. En torno a la individualidad municipal vienen a agruparse y a adherirse fuertemente los intereses, las pasiones, los deberes y los derechos. En el seno del municipio impera una vida política real, activa, íntegramente democrática y republicana. Las colonias siguen reconociendo aún la supremacía de la metrópoli; la monarquía es ley del Estado, pero ya la república alienta en el municipio.

El municipio nombra a sus magistrados, establece su presupuesto y reparte y percibe los impuestos por sí mismo. En el municipio de Nueva Inglaterra no es admitida la ley de representación. En la plaza pública y en el seno de la asamblea general de ciudadanos es donde se tratan, como en Atenas, los asuntos de interés general. (más…)

EL LEGADO DEL HOLOCAUSTO Y LA MEMORIA AUSENTE

Categoría: TRIBUNA LIBRE — January 28, 2010 @ 2:02 am

“El dilema de escribir sobre el Holocausto ya no se encuentra en el tabú de aquello sobre lo que no se puede (o debe) hablar, sino en la parálisis provocada por una cultura saturada de medios de comunicación, en la que parece que todo se ha dicho ya. Para los historiadores e investigadores de segunda o tercera generación, el acceso al pasado no puede ser directo, sino que sólo puede producirse mediante la memoria de otros, lo que algunos autores han denominado el problema de la “memoria ausente”. En el trabajo de recuperación de la memoria, el tiempo se acaba. Estamos alcanzando una hora crucial, porque la mayoría de aquellos que aún recuerdan y nos pueden explicar lo que pasó, los testigos de primera mano, está desapareciendo. Por eso, el esfuerzo se centra en la palabra, en el recuerdo. Es esencial que cada uno de nosotros recuerde, reflexione y aprenda la lección de lo que pasó hace más de 60 años. Los prejuicios, el odio, el mal que llevó al exterminio de millones de personas, aún hoy nos amenaza a cada uno de nosotros. Por eso no es algo que podamos relegar a un pasado lejano y olvidarlo: cada generación debe mantenerse en guardia para asegurarse que algo así no vuelve a suceder.”

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El conocimiento de lo que fue el Holocausto no es suficiente para describir el terror que afectó toda la vida de la posguerra. Los hechos acontecidos durante el nazismo son cruciales también para explicar gran parte de la violencia que afectó al resto del siglo XX y que afecta al XXI. Por ejemplo, las doctrinas de los movimientos fascistas de los años 1930 siguieron siendo utilizados en los años 1990 para justificar la violencia en los Balcanes.

Poco a poco, la sombra de la Shoah se ha expandido más allá de la esfera “privada” de la comunidad judía al reino público de los medios de comunicación y las artes populares. Pero esto no quiere decir que estemos más cerca de entender las consecuencias del Holocausto para la sociedad contemporánea. El principal problema que tenemos al enfrentarnos con el Holocausto es darle una dimensión correcta a unos acontecimientos que escapan a nuestra comprensión. Pero también debemos combinarlo con nuestra aceptación de los hechos, imágenes y testimonios, aún cuando no podamos abarcarlos totalmente.

El dilema de escribir sobre el Holocausto ya no se encuentra en el tabú de aquello sobre lo que no se puede (o debe) hablar, sino en la parálisis provocada por una cultura saturada de medios de comunicación, en la que parece que todo se ha dicho ya. Para los historiadores e investigadores de segunda o tercera generación, el acceso al pasado no puede ser directo, sino que sólo puede producirse mediante la memoria de otros, lo que algunos autores han denominado el problema de la “memoria ausente”. En el trabajo de recuperación de la memoria, el tiempo se acaba. Estamos alcanzando una hora crucial, porque la mayoría de aquellos que aún recuerdan y nos pueden explicar lo que pasó, los testigos de primera mano, está desapareciendo. Por eso, el esfuerzo se centra en la palabra, en el recuerdo.

La inmediatez de la memoria posmoderna no ha disminuido la necesidad de rehacer el pasado. Por el contrario, la necesidad de testificar ha ganado una gran urgencia, frente a los vergonzosos llamamientos de los negadores del Holocausto y la desaparición de los supervivientes, los únicos que pueden dar testimonios de primera mano. Los relatores contemporáneos del Holocausto tuvieron que inventar un nuevo léxico que unificase tanto la realidad de Auschwitz como el enredado proceso de redescubrir el pasado que nos atormenta y nos evita. El lenguaje es un problema para pensar en Auschwitz. Por un lado, el terror no se puede narrar, se tiene que vivir. Por otro, el lenguaje es convención, y muchas veces la convención no es lo mejor para hablar de situaciones extremas.

Es esencial que cada uno de nosotros recuerde, reflexione y aprenda la lección de lo que pasó hace más de 60 años. Los prejuicios, el odio, el mal que llevó al exterminio de millones de personas, aún hoy nos amenaza a cada uno de nosotros. Por eso no es algo que podamos relegar a un pasado lejano y olvidarlo: cada generación debe mantenerse en guardia para asegurarse que algo así no vuelve a suceder.

La memoria se apaga. La vida de casi todos los supervivientes se va extinguiendo y quedan posiblemente pocos aniversarios en los que la palabra viva podrá relatar lo indescriptible. Jacques Fredj, director del Memorial de la Shoah de París, señala que “el riesgo del olvido es importante, porque la desaparición de quienes lo sufrieron ancla los hechos en el pasado, pero el olvido puede tomar otras formas, como la amnesia de posguerra, que ha durado 50 años, o la canalización y el empleo en cualquier contexto de palabras como Holocausto”. También afirma: “Queremos escapar de la moralización del ‘nunca jamás’, que ya ha calado suficientemente, y explicar quiénes eran los deportados, cómo se sentían los niños que iban a la escuela con una estrella amarilla. Qué fueron aquellos días sin respirar, hacinados en vagones, de camino a su ejecución en los campos”.

Las oleadas de conmemoraciones del año 2005, por ejemplo, que se iniciaron con el aniversario de la liberación de Auschwitz, llevaron a que, por primera vez, el Holocausto dejase de ser un hecho exclusivo de la historia de la comunidad judía, para recobrar plenamente su lugar en la historia mundial, después de haber sido escondido durante medio siglo.

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FUENTE: Topografía de la memoria. El 26 de enero de 2007 la Asamblea General de la ONU adoptó una resolución que condenaba la negación del Holocausto y proclamó el 27 de enero como Día internacional de recordación de las víctimas del Holocausto.

RADICALIZACIÓN POLÍTICA Y ANARQUÍA AUTORITARIA, por Jean-François Revel

Categoría: TRIBUNA LIBRE — January 23, 2010 @ 2:03 pm

“O yo no sé nada de radicalización, o bien llamar ‘traidores’, ‘fascistas’, ‘facciosos’, a oponentes o manifestantes, es uno de sus síntomas. El mejor medio de radicalizar consiste en atribuir a los demás la intención de hacerlo, y la más vieja de las estratagemas para poner al adversario fuera de la ley es acusarle de conspirar”.

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Ciertamente, si uno se niega a considerar grave o peligrosa una situación económica a menos que haya colas ante las panaderías, un paro multiplicado por diez, crac de los Bancos, suicidio colectivo de los agentes de Bolsa, podemos tener la seguridad de que seguiremos siendo optimistas durante mucho tiempo.

Pero hablemos en serio. Los pesimistas del verano de 1.981 temían precisamente lo que sucedió en la primavera de 1.982. Nunca habían dicho que aquello iba a pasar en el plazo de tres semanas, y la degradación hubiera podido alargarse tres años. Lo mismo puede ocurrir con la radicalización.

¿QUIÉN ES EL RADICAL?

¿Por qué en Francia se empezó a hablar de radicalización y qué es lo que hay que entender exactamente por eso? Recordémoslo: fue el propio François Mitterrand quien levantó la liebre. “Si fracaso -confiaba unos meses después de su elección a unos periodistas- habrá una radicalización del poder; y la oposición comete un error histórico, porque debería comprender que tiene el mejor gobierno posible en las circunstancias económicas y políticas actuales”.

Jean François Miterrand

Esta declaración presidencial contiene algunos ingredientes de una lógica de la radicalización. El primer ingrediente es la noción de fracaso económico, obsesión de toda izquierda socialista. Porque para la izquierda fracaso quiere decir crimen de alguien que no son ellos.

Al no poder prever a quién atribuir ese fatal espantajo, ese espectro eterno -el hecho de que tal vez el socialismo sea en sí mismo una mala medicina-, el partido que ocupa el poder en Francia distribuye equitativamente las responsabilidades de sus problemas entre sus diversos enemigos presuntos o naturales.

De ahí el segundo ingrediente de las declaraciones de Mitterrand, a saber, la extraña idea de que la oposición debe ayudar a triunfar a los socialistas so pena de perder el beneficio de la democracia. Incluso se han compilado antologías que los autodidactos pueden consultar con provecho. Estos libros contienen perlas ya históricas. El collar continúa aumentando.

TODO EL PODER PARA LA IZQUIERDA

Para Jean Poperen, número dos del Partido Socialista, “cuando la derecha pierde el poder, se niega a seguir jugando”. Pero seguir jugando, ¿quiere acaso decir ayudar a la mayoría a realizar su programa, lo cual en modo alguno constituye el deber de ninguna oposición? ¿O bien significa usar métodos antidemocráticos, cosa que no ha sucedido?

Del equívoco creado entre estos dos sentidos posibles tal vez nazcan temibles confusiones. Algunos no vacilan en disiparlas, como Didier Motchane, personaje sin duda algo marginal en el PS, pero que no deja de ser secretario nacional “encargado de la acción cultural”. En Le Monde expuso cómo concibe esta acción respecto a la información radiotelevisada: hay que abolir “esa consigna seráfica: ¡basta de caza de brujas!”, exigir que “el poder de izquierdas deje de creerse obligado a excusarse a cada segundo por perturbar algunas costumbres”, porque “el pluralismo no es neutralismo”.

El presidente de la Asamblea Nacional, Louis Mermaz, que no tiene nada de marginal, justifica esta filosofía de lo audiovisual considerando que “los sistemas de valores y de referencias de la izquierda no están suficientemente presentes en el conjunto de las informaciones”. ¡Es decir, que la televisión no es aún suficientemente gubernamental!

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UNA LEY ORWELLIANA DE PROTECCIÓN DE DATOS, por José Luis Dader

Categoría: DERECHO Y JUSTICIA — January 19, 2010 @ 11:45 am

«La Ley de Protección de Datos supone un cúmulo de atropellos al elemental sentido democrático de acceso a la información» J. L. Dader.

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LA JUNTA DE ANDALUCÍA apela a la Ley de Protección de Datos (LOPD) para negarse a revelar la constancia en un registro oficial de si la hija de su ex-presidente, Manuel Chaves, visitó la Consejería de Innovación durante la tramitación de la célebre subvención por la que el PP acusa de delinquir al actual vicepresidente del Gobierno (EL MUNDO, 7-1-2010). Y claro que los gobernantes andaluces pueden esgrimir ese escudo. No se trata de una ocurrencia surrealista del Consejero de Innovación, sino el aprovechamiento en su beneficio de una apisonadora legal que desde 1999 cercena con la eficacia del zarpazo estalinista el acceso a buena parte de la información necesaria para el esclarecimiento de irregularidades administrativas o la transparencia de datos de interés colectivo sustancial que, custodiados por los poderes públicos, pueden ser explotados a conveniencia de los custodiantes.

La vigente Ley de Protección de Datos considera dato de carácter personal «cualquier información perteneciente a personas físicas identificadas o identificables». Define como tratamiento de datos [las] «operaciones y procedimientos técnicos, de carácter automatizado o no, que permitan la recogida, grabación, conservación, elaboración, modificación, bloqueo y cancelación, así como las cesiones de datos que resulten de comunicaciones, consultas, interconexiones y transferencias». Y establece que toda la cohorte de candados y mordazas que despliega -para privilegiar una intimidad personal que nada sabe de otros derechos democráticos de libertad de información, control ciudadano de los poderes públicos o seguridad jurídica-, será de aplicación a todos «los datos de carácter personal, que los haga susceptibles de tratamiento, y a toda modalidad de uso posterior de estos datos por los sectores público y privado».

En virtud de tan totalitaria y absolutista concatenación cualquier dato por el que se pudiera identificar a una persona -cuando rellena cualquier impreso administrativo, por ejemplo-, queda ya restringido al cometido para el que fue facilitado y su revelación o cesión a terceros sin consentimiento expreso del afectado se convierte en acción ilícita perseguible con durísimas sanciones. Como no podía ser de otro modo, el Estado y sus administraciones se reservan para sí la excepcionalidad de intercambiar, reelaborar e incluso publicar todos aquellos datos personalizados que estime necesarios para el ejercicio de sus funciones y las correspondientes normas específicas así lo determinen. En virtud de esa facultad, un Ayuntamiento, por ejemplo, puede divulgar los datos de morosos en el pago de la tasa de basuras, mediante el correspondiente boletín oficial. Pero ni el ciudadano individual ni organizaciones de ningún tipo pueden exigir la revelación de esos datos, pues la ley no sólo no contempla el derecho ciudadano a saber (si, como en el caso de la hija de Manuel Chaves, los administradores quizá prefieran evitar ese conocimiento a la opinión pública), sino que convierte en punible la revelación en caso de que el responsable sufriera un ataque de solidaria transparencia democrática. (más…)

EL GOBIERNO Y LA LIBERTAD CIVIL Y RELIGIOSA, por Thomas Jefferson

Categoría: ABECÉ DE LA DEMOCRACIA — January 15, 2010 @ 6:10 pm

“No parece suficientemente erradicado el error de que las operaciones de la mente, así como los actos del cuerpo, están sujetos a la coacción de las leyes. El caso es que nuestros gobernantes no tienen autoridad sobre esos derechos naturales, salvo que se la hayamos cedido. Los derechos de conciencia nunca se los cedimos, nunca podríamos. Respondemos de ellos ante nuestro Dios. Los poderes legítimos del gobierno sólo se extienden a los actos que lesionan a otros. Pero todo Estado, dice un inquisidor, ha establecido alguna religión. Nuestros Estados hermanos de Pennsylvania y Nueva York, sin embargo, han subsistido sin establecimiento en absoluto. Florecen infinitamente. Ellos no ahorcan más malhechores que nosotros. No son perturbados en mayor medida por disensiones religiosas. Al contrario, su armonía no tiene paralelo, y sólo puede atribuirse a su ilimitada tolerancia, pues en ninguna otra cosa difieren de todas las demás naciones de la tierra. Pero, ¿es el espíritu de un pueblo una seguridad infalible y permanente? ¿Lo es el gobierno? El espíritu de los tiempos puede cambiar, y cambiará. Nuestros gobernantes se harán corruptos, indiferente nuestro pueblo. A partir de la conclusión de esta guerra iremos cuesta abajo. No será entonces necesario recurrir al pueblo en todo momento para obtener apoyo. Se le olvidará, por tanto, y sus derechos serán desatendidos. Los individuos se olvidarán de sí mismos, preocupados tan sólo por el dinero, y no pensarán en unirse para lograr un respeto efectivo hacia sus derechos.”

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Los primeros colonos de este país fueron emigrantes de Inglaterra, pertenecientes a la Iglesia anglicana, justamente cuando estaban exaltados por la victoria total sobre los fieles de las demás persuasiones. Armados, como llegaron a estarlo, con las competencias para hacer, ejecutar y administrar leyes, dieron muestras de idéntica intolerancia en este país ante sus hermanos presbiterianos, emigrados al gobierno septentrional.  

EL GOBIERNO NO TIENE AUTORIDAD SOBRE NUESTROS DERECHOS NATURALES A MENOS QUE SE LOS CEDAMOS

Los pobres cuáqueros estaban huyendo de la persecución en Inglaterra. Pusieron sus ojos en estos nuevos países como asilos de libertad religiosa y civil; pero sólo los hallaron libres para la secta reinante.

THOMAS JEFFERSON (1743-1826), tercer presidente de los Estados Unidos y, en opinión de Tocqueville, el más grande demócrata que haya salido jamás del seno de la democracia americana.

Diversas resoluciones de la asamblea de Virginia de 1659, 1662 y 1693 convirtieron en delito el hecho de que los padres se negasen al bautismo de sus hijos; prohibieron la reunión de los cuáqueros en el Estado; ordenaron que fueran encarcelados hasta abjurar del país, y previeron castigos más suaves para su primer y segundo retorno, aunque la muerte para el tercero; decretaron que nadie podría asistir a sus reuniones o acercarse a sus casas, tanto mediante trato personal como usando libros que apoyasen sus creencias.

 Si no se produjeron aquí ejecuciones, como en Nueva Inglaterra, no fue por la moderación de la iglesia o el espíritu del legislativo, como puede deducirse de la propia ley, sino por circunstancias históricas que no han llegado hasta nosotros.

Los anglicanos mantuvieron pleno control durante un siglo. Otras opiniones empezaron entonces a insinuarse, y como el gran celo del gobierno por mantener a su propia iglesia suscitó un igual grado de indolencia en sus clérigos, al comienzo de la actual revolución dos tercios del pueblo disentían de ese culto.

Las leyes seguían siendo, desde luego, opresivas, pero el espíritu de un partido se había desplomado en la moderación, y el de los otros se había alzado a un grado de determinación que imponía respeto.

Por nuestra propia ley de 1705, si una persona educada en la religión cristiana niega que Dios exista, o la Trinidad, o afirma haber más Dios que uno, o niega la veracidad de la religión cristiana, o la autoridad divina de las Escrituras, será castigado en primer delito con incapacidad para ejercer cualquier cargo o empleo eclesiástico, civil o militar,  y en caso de reincidencia con incapacidad para demandar judicialmente, para aceptar cualquier donación o legado, para ser tutor, albacea o administrador y con tres meses de prisión sin fianza. Como el derecho de un padre a la custodia de sus propios hijos se funda en su derecho a la tutoría, al desaparecer ésta pueden desde luego ser separados de él, y puestos por la autoridad de un tribunal en manos más ortodoxas.

Este es un resumen de la esclavitud religiosa donde permaneció gustoso un pueblo que arriesgó las vidas y las fortunas de sus miembros por el establecimiento de su libertad civil.

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